El pasado sábado, Teherán se convirtió en el epicentro de un evento de profundo significado para la sociedad iraní: el funeral de Estado del antiguo líder supremo Alí Jamenei. Miles de fieles se dieron cita en la Gran Mosalá, el vasto complejo religioso de la capital, para rendir tributo a un líder que dejó una huella indeleble en la historia contemporánea de Irán. Este acto se produce cuatro meses después de la muerte del ayatolá, quien falleció en bombardeos selectivos en el contexto de un conflicto que estalló el 28 de febrero de 2026.
Desde el amanecer, miles de asistentes, la mayoría vestidos de negro, se reunieron en la Mosalá, donde el féretro de Jamenei, cubierto por su emblemático turbante negro, fue objeto de veneración. La atmósfera se cargó de emotividad con la presencia de banderas chiitas rojas y fervientes gritos de “¡Venganza!” y “¡Muerte a Estados Unidos, muerte a Israel!”, habituales en las concentraciones oficiales. En la multitud, se alzaban pancartas con la inscripción “#MatarATrump”, lo que refleja la tensión presente en las relaciones internacionales.
Las autoridades estiman que entre 15 y 20 millones de personas podrían participar en los homenajes, lo que convierte a estos funerales en los más grandes en la historia del país. El evento, previsto para extenderse por seis días, busca no solo rendir homenaje a Jamenei, sino también mostrar la fortaleza nacional en un momento crítica de negociaciones diplomáticas con Estados Unidos.
En un giro inesperado, su hijo y sucesor, Mojtaba Jamenei, no ha sido visto en público desde su nombramiento en marzo, lo que ha generado especulaciones sobre su estado de salud tras los ataques que resultaron en la muerte de su padre. Actualmente, se expresa únicamente a través de mensajes escritos.
A medida que los actos de homenaje abarcan toda la ciudad, el centro de Teherán se transformó en una fortaleza, con intensos controles policiales y la presencia de cientos de personas que esperaban en largas filas desde la noche anterior. Para muchos, esta espera era un acto de devoción, como lo comentó Somayye Hamedi, una profesora que describió la espera como “ni dolorosa ni difícil”.
Durante las ceremonias funerarias, los altos funcionarios iraníes se unieron para rendir homenaje a un líder que, durante más de tres décadas, llevó a Irán a través de períodos de tensión global, apoyando grupos como Hamás y Hezbolá. Este acto de despedida, que también involucra visitas a santuarios chiitas en Irak, culminará el 9 de julio con el entierro de Jamenei en Mashhad, su ciudad natal.
Mientras tanto, en Teherán, más de 400 carpas de la Media Luna Roja han sido instaladas para acoger a los asistentes, con camiones cisterna a la espera para refrescar a la multitud ante las altas temperaturas que superan los 35 grados centígrados. A su lado, también se encuentran los ataúdes de sus familiares que fallecieron junto a él, un recordatorio de la profunda conexión personal y política que dejó atrás.
En este memorial, la imagen de Jamenei, con el puño en alto, se erige como un poderoso símbolo de resistencia ante Occidente. La ciudad entera se encuentra en un estado de conmemoración, y el eco de los lamentos y los cánticos religiosos resuenan, llenando un silencio que aborda la incertidumbre de un futuro sin su liderazgo.
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