Durante décadas, las Copas del Mundo han trascendido su papel como simples torneos de fútbol, convirtiéndose en plataformas para la innovación tecnológica. Cada edición ha representado un avance significativo en la forma en que los espectadores acceden y disfrutan del evento deportivo más popular del planeta.
El Mundial de México en 1970 marcó un hito al introducir la televisión a color, transformando la experiencia del espectador. Años más tarde, Londres 1966 popularizó las transmisiones internacionales en vivo, y Estados Unidos 1994 coincidió con la llegada comercial de Internet. Con cada nuevo torneo, se abrían nuevas posibilidades, desde el sonido estéreo en Italia 1990 hasta la conectividad permanente que se consolidó en Rusia 2018. Este último evento evidenció que el smartphone se había convertido en la principal pantalla para millones de aficionados, elevando el consumo del torneo a nuevas alturas.
El Mundial de Qatar 2022 fue un campo de pruebas que demostró cuán integradas están las plataformas digitales y las redes sociales en la experiencia deportiva. Más de cinco mil millones de personas interactuaron con el torneo a través de variados medios, resaltando cómo el streaming se convirtió en un elemento central.
La próxima Copa del Mundo, programada para 2026 en México, Estados Unidos y Canadá, promete ser la más grande de la historia, con 48 selecciones y 104 partidos en disputa. Sin embargo, su relevancia no solo radicará en su magnitud, sino también en su infraestructura tecnológica.
La inteligencia artificial (IA) ya está presente en el arbitraje, con sistemas semiautomáticos para detectar fuera de juego. Los balones modernos incorporan sensores que transmiten datos en tiempo real, y las cámaras corporales de los árbitros ofrecen perspectivas inéditas durante las transmisiones. Además, la llegada de las redes 5G y la implementación de estadios inteligentes aseguran que esta sea una experiencia hiperconectada para los aficionados.
No obstante, se presenta una paradoja importante: lo que antes fue una expansión del acceso al fútbol ahora enfrenta una nueva barrera económica. A pesar de que innovaciones tecnológicas como la televisión abierta han democratizado el acceso al Mundial, la realidad actual es diferente. En Rusia 2018, cerca del 47% de los partidos se transmitieron en televisión abierta en México; en Qatar 2022, esa cifra llegó al 50%. Sin embargo, para 2026, solo se prevé que 32 partidos se transmitan en televisión abierta, lo que representa apenas el 30.8% del total.
El costo de acceso se convierte en un desafío significativo. En México, acceder a la totalidad del torneo podría requerir un desembolso de hasta $1,148 pesos, lo que se traduce en alrededor de 29 horas de trabajo para un empleado promedio. Esta nueva realidad invita a reflexionar: mientras que la conectividad ha aumentado, la verdadera cuestión es quién puede permitirse el lujo de estar conectado.
La experiencia completa del Mundial, con todas sus innovaciones y recursos, tiene un precio. Por lo tanto, la discusión se desplaza del simple acceso a la conectividad hacia la capacidad de pagar por ese acceso. En un mundo cada vez más digital, el fútbol se enfrenta a la contradicción de ser un espectáculo universal que, en su próxima edición, podría estar limitado por las circunstancias económicas de los aficionados.
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