En un luminoso campo de fútbol en Teherán, un grupo de niños disfruta de un momento de pura felicidad, guiados por su atento entrenador, Mohammad Ghiasi. Este ambiente de alegría es impulsado por la atmósfera del Mundial 2026, que ha renovado la esperanza en el país tras años de conflicto. “En este momento con la atmósfera de Mundial, todo el mundo se cree experto en comentar fútbol”, comenta Ghiasi, exjugador reconvertido en técnico, quien observa con orgullo a sus jóvenes futbolistas.
El Team Melli, como se conoce a la selección iraní, fue uno de los primeros equipos en asegurar su lugar en el Mundial, que se celebra en conjunto con Canadá, México y Estados Unidos. Mientras Teherán y Washington han alcanzado un protocolo de acuerdo para reducir hostilidades, las conversaciones sobre el núcleo de la problemática nuclear siguen siendo inciertas.
El fútbol se presenta como una vía de escape tanto para los niños como para sus padres. “El simple hecho de venir aquí durante algunas horas, jugar y alejarse de esta atmósfera y de ese estrés es muy importante”, señala Niloufar Memari, madre de uno de los pequeños futbolistas. La ansiedad y las dudas son palpables entre los ciudadanos, como menciona Zeinab Bahari, quien también ha inscrito a su hijo en el centro de formación, pero al menos el torneo ha proporcionado un alivio temporal.
La trayectoria de la selección iraní en el Mundial ha estado marcada por la incertidumbre, con su participación en el torneo en duda casi hasta el final debido a la guerra. A pesar de este contexto complicado, el interés en el fútbol no ha disminuido, y el centro de formación ha visto un incremento en inscripciones. “Ahora que Irán disputa este Mundial, las inscripciones han aumentado considerablemente”, agrega Ghiasi, aunque no ofrece cifras concretas.
En su próximo encuentro, Irán se enfrentará a Bélgica, con la esperanza de avanzar más allá de la fase de grupos por primera vez en la historia, culminando en un choque contra Egipto en un futuro cercano. Sin embargo, la selección ha enfrentado desafíos adicionales, como el rechazo de visados a varios miembros de su delegación y la necesidad de trasladar su campamento base de Tucson a Tijuana, lo que ha complicado su participación.
A pesar de las dificultades logísticas y emocionales, la madre de familia Zeinab Bahari expresa su deseo: “Espero que logren tener éxito y que hagan que el país esté orgulloso”. Con cada pase, disparo y grito de aliento, los niños en Teherán recuerdan que, en medio de la adversidad, el fútbol puede ser una verdadera bocanada de aire fresco.
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