En el Reino Unido, más de 263,000 restos humanos se encuentran actualmente en posesión de museos e instituciones, según una investigación reciente. Este análisis, derivado de una solicitud de registros públicos, reveló que 241 museos almacenan significativas colecciones de restos humanos, con un alarmante total de 28,914 elementos originarios de fuera de Europa, muchos de los cuales provienen de antiguas colonias británicas.
De este total, la mayoría de los restos —11,856— fueron adquiridos de África, mientras que cerca de 10,000 provienen de Asia. Las colecciones incluyen, aunque en menor cantidad, piezas de Oceanía, América del Norte y América del Sur. Toyin Agbetu, museólogo y antropólogo de University College London, expresó su falta de sorpresa ante estas revelaciones, aunque enfatizó que la magnitud de los hallazgos es asombrosa.
Las instituciones que albergan la mayor parte de estos restos no europeos son el Museo de Historia Natural de Londres y las Colecciones Duckworth en la Universidad de Cambridge. El primero posee 11,856 elementos, destacándose en su colección de restos de Asia y América, mientras que Duckworth presenta una de las mayores cantidades de restos africanos, con 6,223 de un total de 8,740.
El Museo de Historia Natural afirma en su sitio web que la mayoría de sus colecciones humanas fueron adquiridas a través de donaciones durante los períodos de mayor poder colonial británico, en los siglos XIX y XX. Sin embargo, admite que algunos elementos fueron obtenidos por medios considerados “inaceptables”. La institución sostiene que evalúa perspectivas éticas al examinar propuestas para trabajar con estas colecciones y define procesos para solicitar la restitución.
Agbetu argumenta que, aunque la investigación puede ofrecer beneficios, estos sólo deberían ser realizados con el consentimiento informado de los descendientes de los fallecidos. Asevera que actuar de otra manera, especialmente considerando cómo muchos de estos restos fueron adquiridos mediante coerción, es éticamente indefendible.
El informe también destaca que algunas instituciones no pudieron proporcionar información clara sobre sus colecciones, ya que algunos elementos están identificados y guardados en cajas de cartón. Una fuente del Museo de Historia Natural indicó que la organización no ha negado la devolución de restos cuando se han establecido conexiones con comunidades reclamantes.
Aunque el Museo Británico no fue mencionado en el informe, cuenta con una base de datos pública que incluye 6,000 restos humanos, incluyendo momias egipcias. Sin embargo, no existe ninguna regulación que exija al museo catalogar estos elementos.
En el contexto más amplio, los museos e instituciones académicas de Estados Unidos tienen en su poder aproximadamente 110,000 restos de indígenas americanos, como revela una investigación reciente. A pesar de que el Congreso de EE. UU. aprobó en 1990 la Ley de Protección y Repatriación de Tumbas de Nativos Americanos, aún hay muchas tribus esperando la restitución de sus objetos.
A diferencia de la ley NAGPRA, que impone obligaciones claras para la restitución en EE. UU., el gobierno del Reino Unido no cuenta con normas legalmente vinculantes. Agbetu explica que NAGPRA actúa como un instrumento reparador que reconoce dimensiones tanto espirituales como políticas al mantener restos ancestrales en contra de la voluntad de sus descendientes, mientras que las directrices británicas se centran en la discreción institucional.
Las pautas comparables más cercanas están contenidas en la Ley de Tejidos Humanos de 2004, que permite a los museos nacionales del Reino Unido deshacerse de restos de personas fallecidas en los últimos mil años. Sin embargo, Agbetu describe esta normativa más como una recomendación que como una obligación.
Expertos en el área sugieren que las instituciones deben ser más proactivas en la divulgación y localización de los elementos ancestrales para las comunidades interesadas. La retención continua de los restos sin el consentimiento de los descendientes se puede considerar, según Agbetu, como la continuación de una guerra espiritual. La gestión de estos restos debe cambiar de ser considerados como recursos etnográficos a tratarse como familiares con derechos.
El debate sobre la retención y restitución de restos humanos plantea cuestiones éticas profundas y destaca la necesidad de un cambio significativo en la política institucional de los museos. La presión pública y la demanda de transparencia podrían llevar a un replanteamiento en la forma en que las colecciones históricas son manejadas, promoviendo un acercamiento más respetuoso y consciente hacia las comunidades afectadas.
Gracias por leer Columna Digital, puedes seguirnos en Facebook, Twitter, Instagram o visitar nuestra página oficial. No olvides comentar sobre este articulo directamente en la parte inferior de esta página, tu comentario es muy importante para nuestra área de redacción y nuestros lectores.


