“Nadie me dijo nunca que el duelo era tan parecido al miedo. No estoy asustado, pero la sensación es como la de estar asustado”.
Así comienza un texto de C.S. Lewis – Meditación de un duelo –, admirable cruza de meditación y elegía, escrito a raíz de la muerte de su amada, la poeta Joy Davidman, en 1960.
Mi hermano menor, Óscar, apodado El Kóskoro, falleció en los Altos Mirandinos, víctima de la covid-19, pronto hará seis semanas, pero ha sido solo en los últimos días que ese sentimiento que, tal como observa Lewis, es sintomáticamente indistinguible del miedo, ha venido trocándose en un estupor dulcemente filial, jubiloso diré, que ahora me acompaña hasta en sueños.
La palabra que mejor describe el sentimiento es pedal. Entendida como la entienden los músicos: un sonido, una nota, habitualmente la tónica, muy prolongada y sobre la que se suceden armónicamente diferentes acordes.


