Nadie esperaba en Israel ver algún día a Naftali Bennett sentado en el escaño del primer ministro en la Kneset (Parlamento).
Situado en la órbita más extrema del bloque de Benjamín Netanyahu, a quien solía adelantar siempre por la derecha con un discurso radical. Ha ocupado cinco carteras en sucesivos Gabinetes de coalición desde que entró en la Cámara, hace apenas ocho años, al frente de una fuerza minoritaria.
Con solo siete escaños en el haber de su partido Yamina. Ha sabido colocarse ahora en el fiel de la balanza del poder como árbitro imprescindible.
Ambos le ofrecieron dirigir conjuntamente el Gobierno mediante un pacto de rotación en el cargo, pero el segundo fue más generoso al cederle el primer turno. Lapid además era su “hermano” desde que ambos coincidieron en el Ejecutivo entre 2013 y 2015, y le inspiraba mucha más confianza que el primer ministro en funciones, célebre por incumplir sistemáticamente los acuerdos con sus socios.


