El panorama político en Honduras se torna cada vez más intrigante a medida que avanza el escrutinio de las elecciones presidenciales, siete días después de la votación. Nasry Asfura, candidato del conservador Partido Nacional y exalcalde de Tegucigalpa, lidera la contienda con una leve ventaja de un poco más de 20,000 votos. Con el 86.81% de las actas escrutadas, Asfura obtiene un 40.20% de respaldo, seguido de cerca por Salvador Nasralla, del centrista Partido Liberal, con un 39.47%. La exministra Rixi Moncada, del oficialista LIBRE, se encuentra en tercer lugar con el 19.30% de los votos.
El Consejo Nacional Electoral (CNE) ha señalado que alrededor del 14% de las actas presentaron inconsistencias y serán revisadas, lo que añade un nuevo nivel de incertidumbre a los resultados. En un pequeño municipio llamado San Antonio de Flores, donde están habilitados para votar cerca de 5,000 ciudadanos, las elecciones se celebrarán el 7 de diciembre debido a irregularidades en la instalación de las juntas receptoras de votos.
Ana Paola Hall, jefa del árbitro electoral, instó a la paciencia del público, argumentando que los porcentajes de apoyo para los candidatos podrían fluctuar a medida que se continúe con el conteo. Mientras tanto, la comunidad internacional, y particularmente Estados Unidos, observa atentamente el desarrollo de la situación. Christopher Landau, subsecretario de Estado estadounidense, subrayó en redes sociales que la democracia en Honduras está bajo un amplio escrutinio, haciendo hincapié en que “el pueblo hondureño merece que se respete su voluntad”.
La injerencia de figuras estadounidenses en las elecciones se ha intensificado, especialmente con el respaldo de Donald Trump hacia Asfura en días recientes. Este apoyo no solo ha generado revuelo en el ámbito político local, sino que también ha arrojado dudas sobre la integridad del proceso electoral. Nasralla ha reclamado un posible fraude en su contra, advirtiendo que no se dará un resultado final antes del 30 de noviembre, fecha límite establecida por el CNE. Por su parte, Moncada y miembros de su equipo también han denunciado irregularidades, aunque sin presentar pruebas concretas.
Trump, en una declaración sin fundamentos, sugirió que Honduras podría estar tratando de alterar los resultados de las elecciones, advirtiendo que, de ser así, “habrá un infierno que pagar”. Esta dinámica podría ser parte de su estrategia más amplia para consolidar un bloque conservador en América Latina, una tendencia visible en países desde El Salvador con Nayib Bukele hasta Argentina con Javier Milei.
La elección presidencia de Honduras se llevará a cabo en una sola vuelta, lo que significa que el candidato que obtenga más votos, aunque sea por un margen estrecho, asumirá el cargo de 2026 a 2030. En medio de estos eventos, el aniversario de las elecciones del 2017 suscita inquietudes en la población, recordando las violentas protestas que resultaron de un proceso electoral cuestionado, cuando la reelección de Hernández provocó la muerte de varios hondureños.
A medida que las tensiones aumentan y las denuncias de fraude persisten, el contexto socioeconómico del país, marcado por el narcotráfico, la corrupción y una pobreza que afecta a seis de cada diez hondureños, resuena con más fuerza que nunca. La atención permanece fijada en un país que, en medio de la incertidumbre política, busca estabilidad y cambio real.
Gracias por leer Columna Digital, puedes seguirnos en Facebook, Twitter, Instagram o visitar nuestra página oficial. No olvides comentar sobre este articulo directamente en la parte inferior de esta página, tu comentario es muy importante para nuestra área de redacción y nuestros lectores.

![[post_title]](https://columnadigital.com/wp-content/uploads/2025/12/Evita-que-se-compacte-75x75.jpg)
