El primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, ha manifestado su apoyo a las recientes medidas económicas impuestas por Estados Unidos contra Irán. En un comunicado emitido el 25 de agosto de 2026, Netanyahu elogió las sanciones anunciadas por el secretario del Tesoro estadounidense, Scott Bessent. Este respaldo llega en un momento en que Washington intensifica sus esfuerzos por ejercer presión económica sobre el régimen iraní.
Netanyahu realizó declaraciones en respuesta a las nuevas sanciones que afectan cinco sectores clave de la economía iraní: activos digitales, tecnología, oro, aviación y transporte marítimo. Según el Departamento del Tesoro, estas áreas permiten que Irán mantenga su economía debilitada y sortee las restricciones internacionales.
Durante una conferencia de prensa, Bessent afirmó que el objetivo de estas sanciones es “cortar cada salvavidas económico” que sostenga al régimen de Teherán, y dejó claro que cualquier relación comercial con Irán podría tener severas repercusiones para las empresas y entidades involucradas.
Las sanciones también impactarán a más de 60 individuos, entidades y embarcaciones de varios países, acusados de ayudar a Irán a acceder a tecnología vinculada a sus programas nucleares y de misiles. Bessent enfatizó que ningún país, incluida China, está por fuera del alcance de las sanciones estadounidenses.
La respuesta iraní no se hizo esperar. El presidente del Parlamento de Irán, Mohammad Bagher Qalibaf, cuestionó la capacidad de Estados Unidos para seguir restringiendo los vínculos comerciales de su país. Aseguró que las naciones que comercian con Irán no cederán a las advertencias de Washington y mantendrán sus relaciones basadas en sus propios intereses económicos.
En la estrategia de presión económica, Estados Unidos considera crucial el papel de la diplomacia, aunque sin mencionar expresamente a países como China en sus comunicados. Bessent describió las medidas como un “Día D económico” para Irán, lo que implica un enfoque más agresivo hacia aquellos que colaboran con cualquier actividad económica que beneficie al régimen iraní.
Este contexto de creciente tensión marca un capítulo significativo en las relaciones internacionales, en el que la diplomacia y las sanciones se entrelazan en un intento por cambiar las dinámicas de poder en la región.
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