Benjamin Netanyahu, primer ministro de Israel, ha dirigido un mensaje en video a los ciudadanos libaneses, instándolos a distanciarse de Hezbollah y a alinearse con Israel. En su discurso, Netanyahu subrayó: “Israel no está en guerra con ustedes. Estamos en guerra con Hezbollah, que ha tomado su país como rehén, que cumple las órdenes de Irán y que utiliza su territorio para lanzar ataques terroristas contra Israel”. Esta exhortación surge en medio de una intensificación del conflicto, en el que el Ministerio de Salud libanés reporta más de 3,600 muertos desde el reanudamiento de las hostilidades el 2 de marzo, cuando se venció una tregua alcanzada en noviembre de 2024.
El primer ministro realzó su mensaje en términos de liberación, animando a los libaneses a “tomar las riendas de su futuro” y creando “seguridad y prosperidad” junto a Israel, condicionando esta posibilidad al desmantelamiento de Hezbollah. En un contexto similar, el presidente israelí, Isaac Herzog, extendió su mano al presidente libanés, Joseph Aoun, aunque condicionó cualquier avance a una reducción de la influencia de Irán y sus aliados en la región.
Sin embargo, la retórica de Netanyahu contrasta marcadamente con la realidad en el terreno. Desde marzo, las Fuerzas Armadas de Israel han llevado a cabo bombardeos sistemáticos en el sur del Líbano, así como en el valle de la Bekaa y los suburbios meridionales de Beirut. Netanyahu ha confirmado instrucción a su ejército para “profundizar y ampliar” la presencia israelí en el territorio libanés, afirmando que casi 10,000 combatientes de Hezbollah han sido eliminados desde el inicio del conflicto.
La escalada más reciente llevó a Israel a bombardear Dahiyeh, un bastión de Hezbollah en Beirut, ignorando las solicitudes de la Casa Blanca de contener la situación. Irán, por su parte, respondió lanzando once misiles hacia el norte de Israel, todos interceptados según el ejército israelí. Posteriormente, Netanyahu ordenó golpear objetivos en Irán, aunque decidió pausar los ataques cuando Teherán dejó de lanzar misiles.
Hezbollah, fundado en 1982, se encuentra ahora bajo la dirección de Naim Qasem, tras la muerte de Hassan Nasrallah en 2024. Este último ha dejado claro que el grupo no aceptará un alto el fuego parcial ni se retirará al norte del río Litani sin una retirada de las tropas israelíes, algo que Tel Aviv rechaza rotundamente.
Las negociaciones por un alto el fuego han llegado a una fase crítica. En conversaciones mediadas por Washington, Israel y Líbano acordaron un alto el fuego condicionado a un “cese completo” de los ataques de Hezbollah y la evacuación de sus combatientes en zonas fronterizas. Sin embargo, Hezbollah ha rechazado estos términos, y Netanyahu ha decidido no llevar el pacto a votación del gabinete sin su aceptación.
La complejidad del conflicto se agrava por la influencia de Irán. Teherán ha condicionado cualquier acuerdo con Estados Unidos al fin de las hostilidades en Líbano. El portavoz de la cancillería iraní, Esmail Baqai, ha enfatizado que un alto el fuego es esencial para cualquier acuerdo que busque poner fin a la guerra. Esta postura entra en colisión con la estrategia de la administración estadounidense, que busca desvincular el frente libanés de las negociaciones nucleares con Irán.
El discurso de Netanyahu busca dividir a la población civil libanesa de su milicia, presentando a Israel no como un enemigo del Líbano, sino como un aliado en la lucha contra Hezbollah. Sin embargo, tres meses de intensos bombardeos han complicado esta narrativa, haciendo casi imposible diferenciar entre los objetivos militares y las vidas civiles en el Líbano.
Actualización: los datos corresponden al 10 de junio de 2026.
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