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En el municipio de Nezahualcóyotl, localizado en la periferia del este de la Ciudad de México, las historias y recuerdos del Mundial de 1986 aún resuenan en la memoria colectiva. Germán Arechiga, un cronista local de 63 años y profesor reconocido, evoca aquellas mañanas de 1980, cuando se contabilizaban toneladas de arena para construir lo que luego sería el Estadio Neza 86.
El Mundial llegó a Neza en 1991 con la promesa de un desarrollo social y económico, pero aquellas ilusiones han sido reemplazadas por la dura realidad de los precios exorbitantes de las entradas para el Mundial de 2026. Con un salario promedio en la región de 3,460 pesos (aproximadamente 198 dólares) al mes, la posibilidad de asistir a la inauguración en el Estadio Azteca se vuelve un sueño irrealizable. Los boletos de reventa alcanzan cifras astronómicas, hasta 44,000 pesos (2,541 dólares), dejando a muchos aficionados sin opciones.
El Estadio, construido sobre un terreno inestable cerca del antiguo lago de Texcoco, presenta hoy una imagen de abandono. Con fisuras en las gradas y un entorno que se asemeja más a un paisaje desolador que a un coloso deportivo, Arechiga reflexiona: “Perdió la grandeza”. Lo único que brilla es el césped perfectamente cuidado, símbolo de un pasado glorioso.
Los recuerdos fluyen: el Mundial de 1986 fue un evento que unió a un municipio que, durante esos años, albergaba a personas que huían de la pobreza en otras regiones de México. Anecdóticos encuentros con los selecciones de Dinamarca, Escocia y Uruguay marcaron una época, donde la figura del artista Rod Stewart también se destacó, al festejar con los asistentes.
Sin embargo, el espejo en el que se reflejan esos recuerdos también muestra la creciente brecha entre el amor por el fútbol y la realidad económica de la comunidad. Los éxitos de aquel entonces fueron seguidos por una lenta decadencia. El equipo local, los Toros Neza, se desintegró cuando el estadio fue abandonado en 2013 por problemas de infraestructura, y no ha habido noticias de una inversión que revitalice esta joya olvidada.
Por ahora, lo más cercano a la acción futbolística en Neza es una exposición de fotos del Mundial 86, una muestra privada cuya apertura al público se considera un pequeño homenaje a lo que un día fue un motor cultural y económico de la zona.
Recientemente, el presidente municipal ha sugerido la posible renovación del Estadio, pero el futuro se mantiene incierto. Mientras la comunidad comparte preocupaciones sobre la reconstrucción, predomina el escepticismo, con muchos opinando que lo mejor sería demolerlo para dar paso a más infraestructura educativa.
Así, el Estadio Neza 86 se convierte no solo en un relicario de la historia futbolística de México, sino también en un símbolo de las profundas inequidades que persisten en el acceso al deporte, desdibujadas entre la nostalgia de un pasado vibrante y un presente incierto.
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