Hace unos días recibí un mensaje de texto automático de mi banco. Por alguna razón, el algoritmo de la entidad marcó un cargo válido a mi tarjeta de débito como un posible error. El texto me pedía que verificara la compra. En un mundo racional, aumentar el límite de la deuda federal se consideraría el equivalente a teclear sí en respuesta al mensaje para reconocer una compra ya hecha. No, aumentar el límite de la deuda no da carta blanca al presidente para gastar lo que quiera. Sencillamente, permite que el Gobierno cumpla sus promesas, que van desde el pago de los intereses de sus préstamos hasta el envío de cheques a los beneficiarios de la Seguridad Social. Estas promesas, debidamente autorizadas por el Congreso, superan la cantidad prevista de impuestos y otros ingresos, de manera que deben cumplirse, en parte, mediante créditos, pero este es el procedimiento operativo normal, y los mercados financieros están encantados de prestarnos el dinero.
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