Durante la calurosa ola que actualmente atraviesa Europa, el fenómeno de las noches tropicales ha suscitado serias preocupaciones entre científicos y autoridades de salud. Este fenómeno se caracteriza por temperaturas nocturnas que no descienden por debajo de los 20 °C, lo que representa un riesgo considerable para la salud en regiones donde tales extremos son poco comunes. En ciudades como París y Madrid, las consecuencias ya son evidentes, llevando a la implementación de medidas de emergencia para mitigar el impacto de las jornadas agobiantes y las noches calurosas.
Según Euronews, más de la mitad de los 96 departamentos de Francia han sido puestos en alerta roja debido a temperaturas que alcanzan los 40 °C. Entre las restricciones impuestas se encuentra la prohibición del consumo de alcohol en festivales al aire libre, una medida nunca antes vista en el país.
El incremento de estas noches tropicales preocupa a especialistas por sus efectos directos sobre la salud. Ruth Engel, climatóloga del World Resources Institute, enfatiza que “el calor nocturno suele ser subestimado, pero puede ser particularmente peligroso ya que muchas personas permanecen en casa, sin acceso a espacios frescos y climatizados”. Este contexto es especialmente grave en una Europa cada vez más acostumbrada a estas altas temperaturas.
El concepto de “noche tropical” describe situaciones en las cuales la temperatura mínima se mantiene igual o superior a los 20 °C en un periodo de 24 horas. Aunque es un fenómeno común en regiones de clima cálido, su aparición se ha vuelto más frecuente en Europa, lo que despierta alarmas. Un informe de la Met Office del Reino Unido indica que la probabilidad de experimentar tres noches tropicales consecutivas en julio ha aumentado del 1 % en la era preindustrial al 20 % en la actualidad, un cambio sustancial vinculado al calentamiento global.
Países mediterráneos como España y Francia están entre los más afectados. Las previsiones climáticas anticipan temperaturas alrededor de los 40 °C en ciudades como Bilbao, Zaragoza, Almería y Madrid, mientras que el sur de Inglaterra podría alcanzar los 38 °C. En contraste, Italia y Grecia experimentarán temperaturas más moderadas, con Roma en 35 °C y Atenas en torno a los 30 °C.
El aumento de las temperaturas nocturnas no solo afecta el confort, sino también la salud pública. Estudios indican un vínculo entre altas temperaturas nocturnas y un incremento en la mortalidad, especialmente entre personas mayores y aquellas con condiciones de salud preexistentes. En respuesta, las autoridades de París han decidido mantener abiertos parques y jardines toda la noche, así como permitir el uso del canal Saint-Martin como un espacio para refrescarse.
Según Engel, el cuerpo humano necesita temperaturas más frescas por la noche para restablecer su temperatura interna. La incapacidad de lograrlo puede conducir a un aumento del estrés cardiovascular y alteraciones en el sueño. “Si las viviendas se mantienen calientes por la noche, los individuos pierden la oportunidad de recuperarse del calor diurno, lo que incrementa los riesgos para la salud”, advirtió.
Esto repercute también en la vida cotidiana y en la estructura de servicios públicos. Por ejemplo, algunos colegios están considerando modificar los horarios de exámenes para proteger a los estudiantes de la falta de descanso, mientras que el fenómeno de la “carga térmica acumulada” intensifica los efectos negativos, limitando la capacidad de recuperación durante la noche.
La adopción de aire acondicionado en Europa ha crecido significativamente desde 1990, alcanzando entre 110 y 130 millones de unidades instaladas, aunque actualmente solo cubre una quinta parte de los edificios. Sin embargo, su expansión plantea dilemas ambientales, ya que muchos sistemas funcionan con combustibles fósiles y liberan hidrofluorocarbonos (HFC) y hidroclorofluorocarbonos (HCFC), que atrapan el calor en la atmósfera de manera mucho más eficiente que el dióxido de carbono.
En las ciudades, los materiales como el asfalto y el hormigón aumentan el efecto de las altas temperaturas, ya que absorben y retienen el calor, lo que impide que las temperaturas bajen por la noche. Este ciclo vicioso se profundiza: a mayor demanda de refrigeración, mayor consumo energético y emisiones de gases que contribuyen al calentamiento global.
Las noches tropicales se han vuelto un fenómeno más común en Europa y sirven como un claro indicativo de los desafíos climáticos y de salud que enfrenta el continente en la actualidad. Un fenómeno que, sin duda, pone de manifiesto la urgencia de actuar ante el cambio climático y sus repercusiones en las vidas de millones de personas.
(Actualización: datos corresponden a junio de 2026).
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