Cada 28 de agosto, México celebra el Día Nacional de las Personas Mayores, una fecha que invita a rendir homenaje a quienes han vivido experiencias y trayectorias significativas. Sin embargo, esta conmemoración también arroja luz sobre un tema crítico que merece atención: el maltrato que sufren las personas mayores dentro de las instituciones que deberían protegerlas.
El Instituto Nacional de Geriatría (ING) destaca que no se trata solo de casos aislados de maltrato, sino de prácticas sistemáticas que, aunque se consideran “normales”, afectan gravemente la dignidad y los derechos de quienes habitan estas instituciones. Durante un diálogo en línea, varios especialistas abordaron el maltrato cotidiano que enfrentan los adultos mayores, revelando que este fenómeno es más amplio y complejo de lo que se podría pensar.
Uno de los aspectos más preocupantes es que el maltrato no siempre es visible. Según la Organización Mundial de la Salud, va más allá de la violencia física, incluyendo la omisión, la desatención y el desprecio en ambientes donde se espera cuidado y respeto. La doctora Nancy Flores, investigadora en el campo, subraya que el maltrato emocional es el más común y frecuentemente invisibilizado, a menudo ligado al edadismo. Este fenómeno puede manifestarse de diversas formas, desde conductas que infantilizan a los ancianos hasta la autoexclusión por pensamientos erróneos sobre la incapacidad relacionada con la edad.
La profesora Victoria González, con experiencia en el área, también ha destacado situaciones comunes que denotan la falta de respeto hacia la privacidad de los residentes. Acciones como encender luces sin aviso previo o la falta de consideración al baño son tan solo ejemplos de cómo las prácticas médicas pueden despojar a las personas de su dignidad.
El maltrato puede ser aún más sutil pero igualmente dañino: murmuraciones entre residentes o actitudes despectivas hacia los mayores por su condición. Además, muchos no son informados sobre el fallecimiento de otros, lo que les impide procesar sus sentimientos de duelo, un derecho esencial que toda persona debería tener.
Muchos de estos abusos se justifican por la falta de recursos humanos. Prácticas como la sujeción física y el uso excesivo de medicamentos para mantener a una persona dormida son ejemplos alarmantes de cómo el interés por el control puede ir en detrimento del bienestar de los adultos mayores. En experiencias relatadas, cuidadores regularmente encuentran a sus seres queridos dormidos o sedados al visitarlos, lo que no debería ser normal salvo en casos que lo justifiquen médicamente.
Las condiciones físicas de muchas instituciones también perpetúan el maltrato. Compartir habitaciones sin posibilidad de privacidad, la restricción de objetos personales y la negación de los hábitos previos de los residentes desplazan el sentido de pertenencia y autonomía. La intimidad y la dignidad se ven comprometidas; incluso, los derechos fundamentales como la sexualidad y la expresión emocional se silencia en muchas instalaciones.
Los cuidadores, quienes también enfrentan condiciones difíciles, a menudo carecen de la capacitación necesaria y pueden experimentar un agotamiento emocional significativo. La presión laboral y la falta de un ambiente de trabajo saludable pueden llevar incluso a aquellos con buenas intenciones a involucrarse en conductas que perpetúan el ciclo de abuso.
Para lograr un cambio significativo, es esencial transformar el modelo de atención hacia un enfoque centrado en la persona, que respete los derechos humanos de los mayores. Esto incluye establecer protocolos desde el primer contacto, promover una comunicación empática, ofrecer apoyo psicológico al personal y capacitar a los cuidadores en áreas clave como diversidad y cuidados complejos.
Una de las revelaciones más impactantes de este análisis fue la evidencia de que algunas personas mayores sienten hambre en las instituciones. Estas condiciones reflejan una deficiencia nutricional preocupante y una situación de inseguridad alimentaria que agrava la vulnerabilidad de esta población.
En este Día Nacional de las Personas Mayores, el llamado es a erradicar el maltrato y a fomentar un cuidado que sea realmente respetuoso. La vejez debe ser un momento para vivir con dignidad y no con miedo.
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