En un importante movimiento en la esfera cultural de México, la reciente creación de la Unidad Estratégica de Culturas Vivas, Patrimonio Inmaterial e Interculturalidad ha suscitado un debate significativo sobre la gestión y la preservación de las culturas en el país. La unidad será liderada por el antropólogo Diego Prieto, quien deja el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) para asumir este nuevo cargo. Sin embargo, la poeta zapoteca Irma Pineda ha planteado cuestionamientos relevantes sobre la necesidad de una nueva instancia, considerando que ya existen organizaciones como la Dirección General de Culturas Populares, el Instituto Nacional de Lenguas Indígenas (Inali) y el Fondo Nacional para el Fomento de las Artesanías (Fonart) desempeñando labores similares.
Pineda ha expresado su preocupación por la posibilidad de que este nuevo organismo lleve a la desaparición de las instituciones actuales, sugiriendo que, en lugar de eso, se debería fortalecer la colaboración entre estas instancias, especialmente con la Secretaría de Educación Pública (SEP). Ella destacó el papel que tiene la educación en la preservación de las lenguas indígenas en un contexto donde la escuela ha sido históricamente un instrumento de marginación para muchas de estas lenguas.
El presupuesto es otro tema crítico. Pineda, quien ha representado a los pueblos originarios en el ámbito internacional, subraya la urgencia de asignaciones económicas adecuadas para la implementación efectiva de proyectos que realmente respondan a las necesidades de las comunidades. Expresó que, a menudo, los pueblos indígenas poseen sus propias iniciativas basadas en su cosmovisión, y que el papel del gobierno debería ser el de apoyar y financiar estas propuestas en lugar de imponer proyectos externos.
Además, el anuncio de la creación de esta unidad coincide con el inicio de discusiones sobre el presupuesto cultural para el próximo año, un sector que tiende a sufrir recortes significativos. Pineda lanzó una crítica a la tendencia de destinar una gran parte del presupuesto a la burocracia, afectando la financiación de los programas que verdaderamente impactan a las comunidades originarias.
La necesidad de actualizar el Catálogo de Lenguas Indígenas Nacionales también fue mencionada, resaltando que de las 68 lenguas registradas en 2008, muchas están en peligro de extinción. La activista enfatiza que si bien algunas lenguas se han perdido, otras, como la lengua ndé, están experimentando un resurgimiento y buscan ser reconocidas oficialmente.
Finalmente, Pineda subraya la importancia de que la nueva unidad no solo se esfuerce por proteger y promover las culturas vivas, sino que lo haga respetando el derecho a la consulta de los pueblos indígenas. Este es un aspecto fundamental para evitar prácticas de extractivismo que socavan la integridad de sus comunidades.
Con el contexto en evolución y la atención centrada en lo que sucederá con estas instituciones culturales, la acción del gobierno y el enfoque hacia los pueblos indígenas se convierten en un tema crucial en la discusión pública. La creación de la Unidad de Culturas Vivas presenta una oportunidad para repensar y fortalecer la identidad cultural en México, pero solo si va acompañada de decisiones que garanticen el respeto, el presupuesto y la consulta necesaria para apoyar a las comunidades originarias.
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