La comunicación en situaciones de crisis ha demostrado ser una herramienta vital, no solo en contextos ficticios, como los apocalipsis retratados en series como The Walking Dead, sino también en nuestra realidad. La devastación provocada por los sismos de 1985 en la Ciudad de México y las intensas lluvias del huracán Odile en 2014 en Baja California dejaron a muchas comunidades sin acceso a las telecomunicaciones modernas, evidenciando la fragilidad de la infraestructura tecnológica cuando más se necesita. En 2023, el huracán Otis causó estragos similares en Acapulco, poniendo de manifiesto la relevancia de contar con alternativas de comunicación.
En estos momentos críticos, los radioaficionados emergen como una red de apoyo invaluable. Gracias a su equipamiento, que no depende de grandes inversiones en infraestructura, han podido mantener líneas de comunicación abiertas, incluso cuando otros sistemas han colapsado. Según Rubén Leal, expresidente de la Federación Mexicana de Radio Experimentadores, su labor trasciende el mero hobby: estos individuos se convierten en los portadores de información y sustento para sus comunidades.
Sin embargo, el panorama legal para los radioaficionados ha estado lleno de desafíos, principalmente en la obtención de concesiones necesarias para operar. La legislación actual, implementada entre 2013 y 2014, impone una serie de requisitos complejos que obligan a estos voluntarios a seguir trámites similares a los de las corporaciones comerciales, a pesar de que su propósito es totalmente altruista.
La nueva Ley en Materia de Telecomunicaciones y Radiodifusión (LMTR) de México podría marcar un punto de inflexión. Esta normativa permite a los radioaficionados solicitar licencias específicas para la transmisión de radio experimental, lo que podría simplificar el proceso y reducir costos, que actualmente alcanzan los 2,000 pesos por una concesión de cinco años. Leal destaca que el problema no es tanto el costo monetario como el entramado burocrático que deben sortear, especialmente para aquellos que se dedican a esta afición en su tiempo libre, a menudo buscando enriquecer la pluralidad y el conocimiento de sus comunidades.
A partir del primer semestre de 2025, se estima que alrededor de 2,000 radioaficionados operan en México, usando frecuencias que van desde 1.8 MHz hasta VHF y UHF. Estos comunicadores no solo sirven a su comunidad durante emergencias, sino que también actúan como vigilantes del espectro radioeléctrico, reportando el uso indebido de frecuencias.
Así, mientras México se adentra en un nuevo marco legal en el ámbito de las telecomunicaciones, los radioaficionados pueden emergir como una de las victorias de esta transformación. Su pasión y compromiso con la comunicación no solo sostienen la conectividad en tiempos de crisis, sino que también promueven una cultura de colaboración y transparencia en un mundo digital en constante cambio. Con la propiedad de bandas de radio y un enfoque renovado hacia su labor, estos entusiastas continúan siendo un recurso crucial para la comunicación comunitaria en el país.
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