La violencia desborda a las autoridades de Nueva York. En paralelo al resto del país, la ciudad experimenta desde el comienzo de la pandemia un repunte de la criminalidad que parece haberse acelerado en las últimas semanas. La promesa de mano dura del nuevo alcalde, Eric Adams, choca con el ala progresista de sus correligionarios demócratas y con activistas sociales. El contexto es distinto al de los sangrientos ochenta y noventa: tras la eclosión del movimiento Black Lives Matter, los excesos policiales están bajo la lupa. La inseguridad lastra la recuperación económica y alimenta la desigualdad en los barrios más afectados por la pandemia: en un círculo vicioso, las zonas deprimidas generan y sufren la violencia, que luego alcanza a otros barrios.
Adams recibe este jueves en Nueva York a Joe Biden para discutir y abordar “una estrategia integral para combatir la violencia”. El lunes, el presidente propuso su receta, no muy distinta a la del alcalde. “Debemos contratar más policías e invertir en programas de prevención en las comunidades”, dijo.

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En 2020 hubo 1.530 tiroteos en la ciudad, más del doble que el año previo; en 2021, fueron 1.877, la cifra más elevada en décadas. El año pasado, las detenciones por armas de fuego en toda la ciudad, cuyas leyes sobre tenencia y uso figuran entre las más restrictivas del país, aumentaron un 6% con respecto a 2020 y un 34% en comparación con 2019. La llamada Iron Pipeline, la ruta usada para el contrabando de armas desde Estados del sur y el Medio Oeste del país hasta la Gran Manzana, opera a destajo, y de poco sirven los reclamos de la policía, ni sus ofertas de iPad gratis y dinero en metálico a los que entreguen sus armas, sin preguntas ni consecuencias legales.
Los estragos de la pandemia, que ha disparado la desigualdad —la tasa de desempleo en Nueva York fue en diciembre del 8,8%, más del doble que la nacional (3,9%)—, explican para algunos la criminalidad rampante. “La pandemia ha provocado una tremenda dislocación económica y una agitación considerable en Nueva York. Con un desempleo del 15% entre los trabajadores que no han ido a la universidad y entre los afroamericanos, y del 24% entre los jóvenes de 18 a 24 años, muchos vecindarios permanecerán fracturados y al límite hasta que se haga más para restaurar las oportunidades laborales. Como ciudad, no podemos permitirnos el lujo de sentarnos y esperar a que el mercado laboral se recupere por sí solo, porque llevará años”, sostiene James Parrott, director de Políticas Económicas del Centro de Estudios de Nueva York de la New School.
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