La política exterior de México enfrenta un momento crítico, marcado por desaciertos y decisiones cuestionables que han suscitado amplias críticas. Del 31 de octubre al 1 de noviembre de 2024, se llevó a cabo la Cumbre del Foro APEC en Gyeongju, Corea del Sur, un evento de suma relevancia que reúne a 21 países de la región Asia-Pacífico, representando casi el 60% del PIB mundial. Sin embargo, Claudia Sheinbaum decidió, por segunda ocasión, no asistir a este encuentro.
La ausencia de Sheinbaum en foros internacionales ha generado una ola de reproches. En 2024, su falta de presencia se justificó por las tensiones con Perú, el país anfitrión, lo que a su vez fue visto como un legado problemático del gobierno anterior. Este tipo de decisiones pueden perpetuar una imagen negativa y limitar las oportunidades de México en el ámbito internacional.
Es importante recordar que estos encuentros ofrecen valiosas oportunidades para el diálogo y la colaboración. Allí, líderes mundiales pueden establecer vínculos, algo que se ha vuelto fundamental en tiempos de complejidad global. La posibilidad de conversar directamente con figuras como el presidente chino Xi Jinping, el mandatario surcoreano Lee Jae-myung, o la primera ministra de Japón, Sanae Takaichi, entre otros, es un aspecto que no se debe subestimar. La presencia de otros líderes latinoamericanos, como Gabriel Boric de Chile, sugiere que hay quienes reconocen el valor de las relaciones estratégicas con Asia-Pacífico.
En lugar de utilizar esta plataforma para fortalecer la diplomacia mexicana, Sheinbaum optó por enviar a su canciller, Marcelo Ebrard, relegando así la importancia de las interacciones directas. En una era donde abrir nuevos mercados es crucial para la economía mexicana, estas decisiones pueden tener repercusiones significativas. Especialmente en el contexto del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC), donde la situación comercial se complica.
Un episodio adicional que ha llamado la atención fue la declaración del embajador de México ante la ONU, Héctor Vasconcelos, quien sugirió que debería eliminarse el “bloqueo económico” hacia Cuba, confundiendo este término con el embargo que ha estado vigente desde 1960. Este error, que resonó incluso dentro de la Secretaría de Relaciones Exteriores, sugiere una desconexión con la realidad política internacional y ha llevado a cuestionar la fiabilidad de México como aliado estratégico.
Al final del día, la política exterior de la administración actual se basa más en eslóganes que en estrategias concretas. Declaraciones como “no somos piñata de nadie” y “a México se le respeta” parecen vacías en un contexto donde la efectividad en el ámbito internacional debería ser la prioridad. Las acciones, o la falta de ellas, reflejan un enfoque más bien superficial hacia lo que históricamente ha sido un pilar de la identidad nacional.
A medida que México camina por esta senda, es fundamental que sus líderes reconozcan la importancia de la diplomacia efectiva y trabajen para mejorar su imagen internacional. Las decisiones de hoy, en el ámbito de las relaciones exteriores, pueden no solo definir el presente, sino también el futuro del país en un mundo globalizado.
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