El Tefaf Maastricht, una de las ferias de arte más prestigiosas de Europa, se convierte en el primer gran evento del sector tras la implementación de nuevas regulaciones de la Unión Europea que afectan a la importación de bienes culturales de más de 250 años. Desde su entrada en vigor el pasado junio, estas normas han generado un torbellino de confusión entre comerciantes, funcionarios de aduanas, transportistas y coleccionistas interesados.
Uno de los principales retos que enfrentan los involucrados es la aplicación ambigua de la ley. Esta nueva regulación incluye una amplia variedad de obras, desde pinturas y esculturas hasta libros, muebles y colecciones botánicas. Sin embargo, se ha observado que las autoridades aduaneras están confiscando objetos que carecen de la documentación adecuada, a pesar de que no están sujetos a las normas. Un representante de una asociación comercial destaca que la obtención del número EORI, necesario para el despacho aduanero, se ha vuelto ardua, ya que las autoridades no parecen estar bien informadas; incluso se niegan a acreditar a particulares, cuando legalmente pueden hacerlo.
El impacto en el negocio es significativo. Muchos comerciantes temen que el proceso de compra e importación se vuelva tan complicado que decidan abandonar la idea de participar en la feria. La incertidumbre sobre cómo actuar correcto al importar bienes está generando una crisis de confianza entre los expositores. Según Salomon Aaron, director de la galería David Aaron en Londres, es probable que la feria de este año tenga un énfasis europeo, pues los artículos de origen no europeo tendrán que demostrar su procedencia de manera más rigurosa.
Charis Tyndall, directora de la galería Charles Ede de Londres, analiza cómo diferentes piezas están sujetas a estas nuevas reglas. Aunque los artefactos griegos y romanos son exentos, los objetos egipcios no lo son, lo que implica que este año no llevarán amuletos egipcios, que solían ser populares. La galería planea llevar solo un par de ejemplares seleccionados como una prueba para ver cómo se desarrollará el proceso de importación.
El transporte es otro tema crítico. La firma Kortmann se ha convertido en la única compañía dispuesta a manejar artículos bajo la nueva regulación, sosteniendo esencialmente un monopolio ante la falta de claridad en el mercado. A medida que se incrementan las exigencias burocráticas, el tiempo de transporte se ha visto afectado, lo cual es preocupante, especialmente para objetos más antiguos.
La carga administrativa ha recayendo cada vez más sobre los transportistas, obligándolos a demostrar la legalidad de los objetos antes de que entren a un país, una tarea que anteriormente correspondía a los funcionarios de aduana. Según Sonja Kappenburg, directora de Gander & White en París, este cambio ha añadido una capa adicional de complejidad que retrasa considerablemente el proceso, con solicitudes de objetos que, tras meses, todavía no han sido procesadas.
Además, las regulaciones han suscitado inquietudes sobre la competitividad de los mercados. Con negociaciones cada vez más complejas, hay quienes consideran que el Reino Unido y Europa podrían perder terreno frente a otros mercados, como el de Nueva York. Tyndall señala que si bien poseen objetos de gran valor, las complicaciones actuales les llevan a considerar otras ferias menos restrictivas.
Por otro lado, el impacto de estas regulaciones hace que se preste especial atención a las obras de culturas de Asia, África y Oceanía. Ivan Macquisten, consultor y director de la asociación comercial británica Lapada, advierte que los comerciantes en estos sectores deben prepararse para los desafíos que se avecinan.
A raíz de esto, asociaciones comerciales en el Reino Unido han solicitado orientación directa a la Comisión Europea sobre la distinción entre elementos arqueológicos y antigüedades. Sin embargo, la falta de respuestas ha dejado a los profesionales del sector en la incertidumbre.
A medida que los efectos de las regulaciones se vuelven evidentes, surge un debate sobre la necesidad de tales restricciones. Aunque algunos apoyan la necesidad de distinguir entre transacciones ilícitas y legítimas, otros argumentan que la creciente burocracia es innecesaria y perjudicial para la comunidad artística. A medida que el panorama del arte se vuelve más complejo, los participantes del sector continúan buscando vías para adaptarse a un entorno cambiante, en el que la facilidad de comercio y el reconocimiento de la legalidad son esenciales para el futuro del comercio de arte a nivel europeo.
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