El próximo viernes, la Ciudad de México será testigo de un hito en las relaciones comerciales internacionales: la firma del Acuerdo Global Modernizado (AGM) entre México y la Unión Europea. Esta versión renovada del Tratado de Libre Comercio entre ambas partes, que ha estado vigente desde el año 2000, viene con importantes innovaciones que prometen fortalecer la integración productiva y optimizar las preferencias arancelarias.
Una de las características más destacadas del AGM es su mecanismo de acumulación de origen, que facilita el hecho de que un producto considerado originario de una de las partes pueda ser tratado como tal en la otra, siempre y cuando se utilice como insumo en la producción de un nuevo bien. Sin embargo, esta disposición tiene un límite: no se aplica si la producción se restringe a operaciones insuficientes con el fin de eludir normativas fiscales o financieras. Y es importante señalar que los materiales no originarios que se integran a un nuevo producto ya catalogado como originario no afectan su estatus.
Mientras México avanza en este sentido, Estados Unidos, en el marco del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC), ha optado por limitar esta acumulación de origen en ciertos productos. Esta postura llevó a una controversia en la que México argumentó que las reglas de origen automotrices del T-MEC permiten el uso de metodologías “roll-up”. Esto significa que los insumos que cumplen con un umbral de valor de contenido regional pueden considerarse completamente originarios al integrar un vehículo terminado. Estados Unidos, sin embargo, ha rechazado esta interpretación para partes esenciales.
Un ejemplo claro de esta situación es el de una empresa mexicana que fabrica transmisiones con un 75% de contenido regional, un nivel que satisfaría las normativas del T-MEC. México sostiene que, tras ser certificadas como originarias, estas transmisiones deberían ser consideradas 100% regionales al ser parte de un automóvil. Este desacuerdo ha llevado a tensiones en la aplicación de las reglas de origen, sumándose a la complejidad de las relaciones comerciales entre las naciones.
El AGM, por su parte, también introduce un margen de flexibilidad para productos que no cumplen con los requisitos de origen al utilizar materiales no originarios. Estos bienes pueden mantener su carácter originario siempre que el valor de los materiales no originarios no exceda el 10% del costo del producto. No obstante, esta flexibilidad excluye a ciertos productos textiles que se regulan con tolerancias específicas.
Además, el acuerdo contempla mecanismos que facilitan la comercialización. Por ejemplo, permite a los importadores solicitar el trato arancelario preferencial tras la importación y obtener la devolución de derechos pagados en exceso hasta un año después de la importación. Asimismo, incorpora resoluciones anticipadas vinculantes, lo que significa que las autoridades aduaneras ofrecerán claridad en la clasificación arancelaria y el origen de mercancías antes de su ingreso al país.
Esta iniciativa no solo refleja un avance significativo en la cooperación entre México y la Unión Europea, sino que también marca un contraste notable con las restricciones vigentes bajo el T-MEC con Estados Unidos. A medida que el mundo avanza hacia una recuperación post-pandemia, este acuerdo podría jugar un papel crucial en la revitalización de las cadenas de suministro y en la competitividad de ambas regiones en un mercado global cada vez más interconectado.
Gracias por leer Columna Digital, puedes seguirnos en Facebook, Twitter, Instagram o visitar nuestra página oficial. No olvides comentar sobre este articulo directamente en la parte inferior de esta página, tu comentario es muy importante para nuestra área de redacción y nuestros lectores.

![[post_title]](https://columnadigital.com/wp-content/uploads/2026/05/Receta-de-Esparragos-con-Vinagreta-de-Tomate-75x75.webp)
