En 2019, en las imponentes lomas del cerro de La Cantera, ubicadas en los valles centrales de Oaxaca, México, se hallaba oculto bajo tierra un enigmático sepulcro de piedra y estuco. Esta tumba, que había permanecido inalterada durante siglos, coexistía silenciosamente con la flora y fauna local, hasta que unos saqueadores la descubrieron. Este inesperado encuentro, lejos de ser una tragedia, impulsó el rescate de un importante hallazgo arqueológico: el sepulcro zapoteco del Búho, considerado uno de los más significativos en la arqueología mexicana en la última década.
A pesar de las adversidades, que incluyeron una pandemia que interrumpió las labores de búsqueda, los expertos del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) no se dieron por vencidos. Después de seis años de indagaciones, la clave para encontrar el sepulcro llegó de manos de un pastor que, al apuntar hacia un árbol de copal en la loma, iluminó el camino hacia este tesoro oculto. Como un viaje a través del tiempo, los arqueólogos finalmente descubrieron la tumba, marcada por signos de disturbio, fragmentos de cerámica y estuco.
La excavación reveló la magnitud del hallazgo: una estructura que superaba los cinco metros de longitud, con un impresionante trabajo de estuco en su entrada, que constituye un mascarón en forma de búho, un símbolo poderoso en la cultura zapoteca. Este descubrimiento se compara con otros ejemplares encontrados en tumbas cercanas, destacando la cuidada técnica de los artesanos zapotecas.
Este sepulcro se ubicaba en lo que era viejo Huitzo, una aldea que, junto a San José El Mogote, operaba bajo la influencia de Monte Albán, la capital zapoteca. La importancia de Huitzo radicaba no solo en su ubicación estratégica, que cerraba el Valle de Etla, sino también en su papel en las dinámicas políticas y tributarias entre los zapotecos y otros grupos, como los mixtecos, al norte de la región.
Investigaciones previas han hablado sobre cómo las creencias zapotecas permitían que los gobernantes muertos intercedieran ante fuerzas sobrenaturales, reforzando la relevancia del sepulcro como un vínculo con sus ancestros. La tumba del Búho, por ende, es mucho más que un simple lugar de descanso; es un portal al pasado y un testimonio de la riqueza cultural zapoteca.
La aparición de este sepulcro, llamado Tumba 10 Huitzo por el INAH, se suma a la enigmática historia de Monte Albán y su relación con la decadencia de la civilización zapoteca. Aunque aún se desconoce qué provocó el declive de centros como Monte Albán, este hallazgo junto con las interpretaciones futuras de las pinturas murales dentro de la tumba podrían arrojar luz sobre estos misterios antiguos. La historia de la tumba del Búho sigue fascinando a arqueólogos y a amantes del patrimonio cultural, estableciendo conexiones entre la riqueza de la herencia zapoteca y su legado perdurable en los valles de Oaxaca.
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