A simple vista, los tres conocidos cuadros de “El ejecutante de laúdes” pueden parecer casi idénticos. Cada una de las versiones presenta a un joven, de ojos tiernos, vistiendo túnicas blancas y sosteniendo el instrumento musical, ligeramente apartado del espectador. En todas se manifiesta la maestría de Caravaggio en la manipulación de luz y sombra.
Sin embargo, el consenso entre historiadores del arte es claro: las versiones del Museo del Hermitage, en Rusia, y de la Colección Wildenstein, en Francia, fueron creadas por el artista barroco, mientras que la que se encuentra en Badminton House, en Gran Bretaña, es simplemente una copia.
Un análisis reciente realizado por la firma suiza de inteligencia artificial Art Recognition ha generado controversia al afirmar que existe un 86% de probabilidad de que la versión de Badminton House sea auténtica. El modelo de IA, entrenado para reconocer los elementos del estilo de Caravaggio, incluidos las formas, paletas de color y estructuras compositivas, también sugirió que la versión de Wildenstein podría ser una copia, encontrando divergencias significativas en las características visuales de esta obra comparadas con las de otros trabajos del maestro.
Esta afirmación se suma a un nivel creciente de interés y preocupación en torno a la autenticación del arte a través de métodos tecnológicos. Art Recognition no es nueva en este ámbito; desde su lanzamiento, ha hecho declaraciones audaces sobre la autenticidad de diversas obras. En 2021, afirmó que había un 91% de probabilidad de que “Sansón y Dalila”, atribuida a Peter Paul Rubens y ubicada en la Galería Nacional de Londres, no fuera de su autoría. Asimismo, un retrato de Vincent van Gogh en el Museo Nacional de Oslo mostró un 97% de posibilidad de autenticidad.
Si bien algunas de estas afirmaciones han sido validaciones de la investigación más convencional, muchos expertos en arte siguen mostrando escepticismo hacia la capacidad de la inteligencia artificial para superar, o incluso complementar, las herramientas tradicionales de autenticación. Angelamaria Aceto, investigadora del Museo Ashmolean de la Universidad de Oxford, expresa su cautela, subrayando que la experticia en arte implica una crítica contextual que la IA no puede proporcionar.
El enfoque de Art Recognition combina aprendizaje automático, redes neuronales profundas y algoritmos de visión computacional, adaptándolos a una amplia gama de pinturas. Actualmente, su modelo abarca a más de 200 artistas. La calidad de la autenticación depende directamente de la calidad de los conjuntos de datos utilizados para entrenar el modelo.
Por otro lado, Popovici, cofundadora de la firma, señala la importancia de integrar experiencia histórica y conocimiento académico en el proceso de desarrollo de estas herramientas. Esto se convierte en un puente que conecta el ámbito tecnológico con el arte en su forma más pura.
A pesar de la ambigüedad que rodea muchos de estos análisis, hay un consenso creciente de que la IA podría iniciar diálogos sobre la autenticidad de obras que a menudo permanecen en la penumbra. No obstante, la comunidad artística se enfrenta a un dilema: la aceptación de una tecnología que, aunque pueda ofrecer probabilidades, no siempre puede explicar cómo ha llegado a concluir algo.
Este año, Art Recognition pudo respaldar la venta en una casa de subastas suiza de tres obras, entre ellas una acuarela de Marianne von Werefkin, con atribución respaldada por la IA, lo que demuestra que la tecnología está comenzando a hacer un impacto tangible en el mercado del arte.
Además, a medida que el análisis de arte por inteligencia artificial avanza, las posibilidades de exposición de actividades fraudulentas también aumentan, lo cual es un indicativo de la complejidad inherente a la autenticación del arte contemporáneo.
La creciente intersección entre la inteligencia artificial y el mundo del arte pone de manifiesto la necesidad de un diálogo abierto entre expertos y tecnólogos. Al final, el arte se sostiene sobre la confianza, y si la inteligencia artificial puede contribuir a construir esa confianza, restará por ver si los museos y casas de subastas se abren plenamente a su potencial.
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