En un fascinante giro del destino, un encuentro en el Kunsthistorisches Museum de Viena en 1993 marcó el inicio de la redescubierta historia de una artista que había permanecido en el olvido durante siglos: la pintora barroca Michaelina Wautier, nacida alrededor de 1614 y fallecida en 1689. Katlijne Van der Stighelen, experta en arte flamenco, se topó con una monumental obra que representaba una escena bacanal, despertando su interés por la artista cuyos trabajos estaban casi completamente ausentes del canon artístico.
Este descubrimiento no solo fue un hito personal, sino el comienzo de una búsqueda que culminaría en la primera exposición importante de Wautier, celebrada en el Museo aan de Stroom de Amberes en 2018. Van der Stighelen había anticipado que, dado que Wautier tuvo una vida larga, sería probable que aparecieran más obras en los años siguientes. Y efectivamente, esto se ha confirmado en los años posteriores.
Desde entonces, varias piezas, incluidas las célebres “Las Cinco Sentidos” (1650) y “Ramo de Flores con una Mariposa” (1652), han sido redescubiertas. Estas obras, que antes solo se conocían a través de ilustraciones en catálogos de subastas, ahora estarán disponibles para el público británico en una exhibición en la Royal Academy of Arts de Londres, donde se presentarán 25 obras de Wautier. Esta es una oportunidad única para que las audiencias del Reino Unido aprecien el talento de una artista que, hasta el siglo XXI, era una nota marginal en la historia del arte barroco.
Pese a la importancia de su obra, poco se sabe acerca de la vida personal de Wautier. Nacida en Mons, se trasladó a Bruselas y tuvo un hermano mayor, Charles, también artista, quien posiblemente influyó en su formación. Se presume que Wautier pudo haber recibido entrenamiento en el extranjero, trabajando a la par con su hermano. Curiosamente, su primer trabajo conocido, una pintura histórica, apareció en 1649 sin un contexto previo que la conectara con su carrera.
A lo largo de su vida, Wautier fue reconocida en ciertos círculos; se sabe que el Archiduque Leopoldo Guillermo de Austria poseía varias de sus obras. Sin embargo, el paso del tiempo la borró del reconocimiento, y su legado fue relegado a la sombra de sus contemporáneos masculinos, a menudo siendo atribuida erróneamente a pintores hombres, incluso cuando su nombre figuraba en algunas de sus obras.
Su notable pintura “El Triunfo de Baco” (circa 1655-59), que inicialmente despertó el interés de Van der Stighelen, ha sido objeto de confusión en cuanto a su autoría. Originalmente, se atribuía a la Escuela de Rubens o a otros artistas varones como Luca Giordano. Esta obra pone de manifiesto cómo las percepciones sobre el arte creado por mujeres han sido históricamente cuestionadas.
La falta de documentación sobre su vida y carrera ha llevado a los investigadores a realizar estudios detallados sobre su técnica pictórica. Por ejemplo, en la serie “Las Cinco Sentidos”, se descubrió que Wautier utilizó una paleta limitada, logrando matices sofisticados sin el uso del costoso pigmento azul. Su maestría en lograr ilusiones ópticas en sus obras, como hacer que un gris parezca azul, reafirma su habilidad y singularidad en la pintura barroca.
La exposición actual se ve como un paso significativo en la reconstrucción de su legado, con la posibilidad de que surjan más obras. A pesar de que sus pinturas datan de un breve período de 16 años, la esperanza es que continúen apareciendo ejemplos de su trabajo, lo que podría redefinir aún más el entendimiento de su contribución a la historia del arte. La Royal Academy de Artes, donde se celebra esta exposición, está en el centro de esta redescubierta narrativa sobre una de las figuras más intrigantes del barroco que, al fin, está recibiendo el reconocimiento que merece.
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