Dos murales de la década de 1970, creados por el destacado artista chileno Julio Escámez, que se pensaban perdidos permanentemente debido a la represión del régimen militar de Augusto Pinochet, están siendo restaurados en la ciudad de Chillán. La Unidad de Patrimonio de la municipalidad ha indicado que la primera pieza estará lista para ser exhibida en diciembre de 2027, lo que representa un hito significativo para la cultura local.
La historia de estos murales se remonta a 1969, cuando Eduardo Contreras Mella, alcalde de Chillán y miembro del Partido Comunista chileno, encargó a Escámez la creación de obras para el salón de honor del municipio. Tras más de dos años de trabajo, los murales, que llevan por títulos El Principio y El Fin, fueron revelados en junio de 1972, justo antes de que Chile enfrentara uno de los momentos más oscuros de su historia.
Estos murales, inspirados en el estilo de célebres muralistas mexicanos como Diego Rivera y David Alfaro Siqueiros, reflejan la lucha de los trabajadores contra la opresión de las élites y la aspiración a una convivencia armónica con la sociedad y el universo. Sin embargo, tras el golpe militar de 1973, el muralista se exilió en Costa Rica, y sus obras fueron cubiertas con capas de pintura, quedando en el olvido hasta su reciente redescubrimiento en 2021 como parte de un proyecto de investigación patrimonial.
La restauración en curso es un proceso delicado y laborioso que implica la eliminación de hasta 12 capas de pintura blanca que han cubierto las obras durante décadas. Este esfuerzo cuenta con un equipo recién incorporado de cuatro especialistas en conservación de arte, cuyo trabajo permitirá recuperar y preservar estas importantes piezas del patrimonio artístico chileno.
Camilo Benavente, actual alcalde de Chillán, ha expresado su compromiso con el proyecto: “Contamos con un equipo académico altamente cualificado que nos permitirá desvelar el mural de Escámez. Esta es una labor significativa para nuestra ciudad y nuestra historia.”
A medida que avanza la restauración, la expectativa aumenta. No solo se trata de recuperar obras de arte, sino también de revalorizar un periodo de la historia chilena que es esencial para comprender el presente del país. La recuperación de estos murales no solo simboliza la resistencia cultural y artística frente a la opresión, sino que también abre un diálogo sobre el pasado, ofreciendo una nueva perspectiva sobre la identidad chilena en el contexto de su historia tumultuosa.
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