En el vibrante escenario de la ópera estadounidense, la situación financiera de las compañías opera como un eco resonante. En particular, la San Francisco Opera (SFO) se presenta como un ejemplo notable, atravesando la complejidad de la economía operística en un ambiente donde los costos continúan aumentando, mientras los ingresos crecen a un ritmo más lento.
Desde la culminación de la huelga de la orquesta de la SFO, ha surgido un renovado interés por parte del público y los medios en el estado financiero de la ópera. En los últimos 45 años, la SFO ha logrado mantener una salud financiera considerablemente sólida, destacándose con un patrimonio que asciende a $300 millones, el más grande entre las compañías de ópera en Estados Unidos. Este dato contrasta fuertemente con el Metropolitano de Nueva York, cuyo patrimonio se ha disminuido drásticamente, pasando de $327 millones a $188.3 millones en un lapso de solo cuatro años.
Para abordar esta situación crítica, la Met ha lanzado una ambiciosa campaña de recaudación que busca reunir $1.5 mil millones, de los cuales ya ha asegurado promesas por cerca de $400 millones. Las lecciones de la extinta New York City Opera, cuyos recursos fueron agotados por su junta directiva en un intento de sobrevivir, aún resuenan en la comunidad operística; la historia de Heidi Waleson en su libro “Mad Scenes and Exit Arias” es recordada como una advertencia. La SFO, por su parte, se esfuerza por no seguir el mismo camino, asegurando su futuro.
Los números no mienten: en 1980, la SFO producía 19 óperas con un presupuesto de $11 millones y 165,000 suscriptores. En 2015, los números se dispararon a 11 producciones y $75 millones, con 93,000 suscriptores. En el presente, con un presupuesto de aproximadamente $92 millones, la compañía está programando seis óperas, lo que refleja una tendencia hacia la reducción de producciones, a pesar de que el costo por actuación se ha duplicado a cerca de $2 millones. Actualmente, solo alrededor del 14% del presupuesto es cubierto por la venta de entradas, lo que subraya la dependencia de fondos externos.
Mientras la SFO navega por estas aguas turbulentas, se enfrenta a un contexto en el que la mayoría de los donantes son individuos adinerados, pero muchos de estos nuevos millonarios parecen ignorar el llamado de las artes. Aunque la compañía ha asegurado contribuciones significativas de individuos como el ex vicepresidente de Google, Dr. William Coughran, y del CEO de Nvidia, Jensen Huang, la escasez de apoyo económico sostenido es alarmante.
Las dificultades para financiar la ópera son múltiples; con un creciente costo de vida en la Bay Area, los salarios equitativos para todos los empleados se han vuelto una necesidad, pero también un desafío. En el fondo, la pregunta persiste: ¿de dónde vendrán los recursos para sostener esta forma de arte tan compleja y costosa? La voluntad política de respaldar las artes es inconsistente, lo que deja a las compañías operísticas en una lucha constante por sobrevivir en esta delicada realidad económica.
Por tanto, en medio de los desafios y las reformas imperativas, la San Francisco Opera sigue trabajando con una estrategia proactiva que complementa su sólida base. A medida que avanza hacia su centenario, programado inicialmente para 2023-2024 y atrasado por la pandemia, el destino de esta emblemática institución dependerá de su capacidad para adaptarse y atraer recursos en un entorno cada vez más incierto.
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