Yoselin Sanchez ha lidiado con el dolor crónico desde su nacimiento, debido a la escoliosis cervical que padece. A pesar de las dificultades, ha encontrado formas de distraerse de su malestar, como la práctica del yoga y el baile libre. Un elemento clave en su rutina es la música: escucha con frecuencia melodías ajustadas a 432 hertz, una frecuencia más baja que la afinación estándar.
La música sintonizada a 432 hertz está ganando popularidad en plataformas sociales y de streaming, donde usuarios pueden acceder a una variedad de pistas y listas de reproducción que incluyen desde paisajes sonoros de meditación hasta canciones reggae, como las de Ziggy Marley. Sin embargo, la comunidad científica señala que no hay evidencia sólida que respalde beneficios especiales o propiedades curativas de esta frecuencia. Aun así, muchos músicos y oyentes afirman que los ayuda a conectarse con la naturaleza, relajarse o concentrarse.
Susan Rogers, profesora emérita de la Berklee College of Music y ex ingeniera de sonido de Prince, critica la idea de que 432 hertz sea la frecuencia del universo, catalogándola como un concepto carente de fundamento científico. No obstante, para personas como Sanchez, lo que importa es la experiencia personal: “Me ayuda a concentrarme y a relajarme”, comenta, resaltando que la música puede evocar diferentes sentimientos en cada oyente.
Históricamente, la afinación musical ha variado según el contexto cultural. Durante mucho tiempo, músicos de diferentes regiones ajustaban sus instrumentos según estándares locales. Esta variedad se consolidó en 1939, cuando músicos de varios países acordaron establecer 440 hertz como la norma internacional. No obstante, la exploración de frecuencias alternativas ha continuado, especialmente después de que ingenieros de sonido experimentaran con la velocidad de grabación de canciones, a veces alejándose de la misma.
A los adeptos de la música a 432 hertz les atraen distintas razones, como la búsqueda de enfoque y la estabilidad emocional. Amelia Beamer, encargada de marketing en una farmacia de Carolina del Norte, menciona que tomar descansos laborales con música a esta frecuencia le ayuda a gestionar su TDAH, aumentando su concentración. De manera similar, Diana Wolf Torres, que sufre de migrañas, encuentra en la música sintonizada a 432 hertz una herramienta valiosa para mantener su productividad al evitar distracciones sonoras.
Aunque algunos oyentes admiten que no hay pruebas científicas que respalden la efectividad de estas frecuencias, argumentan que la percepción del sonido a menudo se reduce a la experiencia personal. Como observa Sanchez, experimentar con diferentes frecuencias puede ofrecer beneficios que trascienden la evidencia científica. “Es algo que vale la pena explorar y ver si tiene algún efecto para uno mismo”, concluye.
En la búsqueda constante por el bienestar en el trabajo, la conexión entre la música y su efecto en la salud mental se vuelve un tema relevante y en crecimiento, que sigue despertando interés entre quienes buscan mejorar su entorno laboral.
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