La última edición de la Bienal de Venecia ha sido marcada por controversias y un fuerte activismo artístico, especialmente en torno a la inclusión de Israel en el evento. Durante la jornada de apertura a la prensa, varios pabellones decidieron cerrar en solidaridad con una huelga organizada por la Art Not Genocide Alliance (Anga). Este movimiento busca la exclusión de Israel del evento debido a su actual conflicto en Gaza.
El día anterior a la apertura al público, se reportó el cierre de una docena de pabellones, que generó confusión entre los asistentes. Las representaciones de Bélgica, Países Bajos, Austria, Japón, Macedonia y Corea del Sur permanecieron cerradas, mientras que otros pabellones como el británico, español, francés y egipcio alternaron entre cierre temporal y reapertura. Algunas instalaciones cerraron al público a las 4 p.m., lo que acentuó la desorganización en un evento de relevancia mundial que se desarrolla en la histórica Giardini di Castello.
Más allá de los cierres, muchos artistas participantes en la exposición principal, titulada “In Minor Keys”, mostraron su apoyo al movimiento pro-palestino. Varias obras incorporaron elementos simbólicos, como banderas palestinas y carteles con mensajes como “Palestina es el futuro del mundo” y “Solidaridad con Palestina”.
A su llegada al pabellón británico, los visitantes se encontraron con puertas cerradas y un mensaje que señalaba que la instalación no abriría debido a la huelga cultural en Italia. Sin embargo, ante la necesidad de personal adicional, el espacio fue reabierto al público el día siguiente.
El pabellón de Israel también enfrentó un cierre por la mañana, aunque esta vez debido a un evento privado. La posibilidad de que tales cierres se convirtieran en un tema recurrente se hizo evidente cuando el pabellón ruso se vio obligado a cerrar temporalmente después de una protesta del grupo activista Pussy Riot, que cuestionó la inclusión de Rusia en la Bienal.
Vale la pena mencionar que antes de este evento, el jurado que selecciona al ganador del prestigioso premio León de Oro había renunciado en bloque en desacuerdo con la inclusión de países cuyos líderes enfrentan órdenes de arresto internacionales, dejando entrever un clima tenso en la escena artística. La decisión del gobierno británico de no enviar a un ministro a la inauguración de su pabellón se debió también a la participación de Rusia en la Bienal.
A la luz de estos acontecimientos, no es extraño que la historia de interrupciones en la Bienal de Venecia tenga precedentes. En 1968, estudiantes ocuparon pabellones para demandar reformas, lo que resultó en la cancelación de premios. Dos años después, protestas del Partido Comunista de Venecia llevaron a una situación similar.
La situación en la Bienal de 2026 refleja no solo el fervor artístico, sino también las profundas divisiones políticas que continúan influyendo en el arte contemporáneo. Con una programada apertura al público, la atención de los asistentes se centra no solo en las obras expuestas, sino también en la dinámica que se desarrolla alrededor de un evento que, a pesar de su enfoque en la creatividad, no puede escapar a las realidades del mundo actual.
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