Explorando nuevos horizontes en la industria espacial: Orbital Paradigm y su apuesta por la reentrada
En un mundo donde los sueños espaciales se convierten en realidades, Francesco Cacciatore, un escéptico autodidacta, ha decidido abrazar la incertidumbre y lanzar su propia empresa espacial. Tras dos décadas en la industria aeroespacial europea y enfrentando una crisis personal, Cacciatore tomó una decisión audaz: fundar su propia compañía.
Junto a su cofundador Víctor Gómez García, Cacciatore estableció Orbital Paradigm en Madrid, con el ambicioso objetivo de abordar uno de los retos más complejos de la industria: la reentrada de cápsulas en la atmósfera terrestre. Su enfoque se centra en desarrollar un innovador sistema de reentrada que promete abrir nuevos mercados para materiales fabricados en condiciones de microgravedad.
En menos de dos años, el equipo de Orbital Paradigm, compuesto por solo nueve miembros y con menos de un millón de euros de inversión inicial, ha logrado crear un prototipo de cápsula de prueba llamado KID. Este modelo, minimalista y ligero, pesando aproximadamente 25 kilogramos y con un diámetro de 40 centímetros, carece de propulsión, marcando un hito al ser la primera vez que la empresa coloca hardware en órbita.
El mercado que se presenta ante Orbital Paradigm es uno vibrante y en expansión, con clientes que incluyen a la startup francesa de robótica espacial Alatyr, la Universidad Leibniz de Hannover en Alemania y un tercer cliente aún no revelado. Hasta la fecha, han recaudado 1,5 millones de euros en fondos semilla de varias entidades, lo que indica un interés creciente en sus tecnologías.
Originalmente, los cofundadores visualizaban un enfoque en robótica en el espacio, sin embargo, la demanda del mercado se ha inclinado hacia la capacidad de realizar misiones repetidas de ida y vuelta al espacio. Según Cacciatore, muchas instituciones y startups prefieren volar entre tres y seis veces al año, un hecho que hace del sector biotecnológico un objetivo atractivo, dado que la microgravedad puede facilitar descubrimientos cruciales en materiales, fármacos y terapias.
A diferencia de pesos pesados en la industria como SpaceX, cuya cápsula Dragon transporta astronautas y carga a la Estación Espacial Internacional, Orbital Paradigm ha optado por crear una cápsula más pequeña y manejable. Cacciatore señala que este enfoque permite mantener al cliente en el centro de la operación, en vez de estar limitado por el destino al que se vuela.
La competencia en el ámbito del regreso orbital se intensifica, con empresas como Varda Space Industries, que en 2024 se convirtió en la primera en realizar una reentrada comercial, y The Exploration Company en Europa, que logró una reentrada controlada este verano. En contraste, las startups estadounidenses se benefician de un apoyo considerable del gobierno, a menudo en forma de financiación no dilutiva, algo que Orbital Paradigm no ha podido realizar en la misma medida, llevándolos a concentrarse en construir capacidades que respondan a las necesidades del mercado desde el principio.
La primera misión está programada para el lanzamiento en aproximadamente tres meses, con un proveedor de lanzamientos aún no anunciado, que transportará tres cargas útiles de sus clientes. La cápsula KID no será recuperada; el objetivo principal es demostrar una separación exitosa del cohete, enviar datos desde órbita, resistir las intensas temperaturas y velocidades de la reentrada hipersónica, y comunicar al menos una vez antes de impactar en una zona no divulgada.
De cara al futuro, el segundo lanzamiento en 2026 llevará un modelo optimizado de Kestrel, que incluirá un sistema de propulsión y un paracaídas para guiar la cápsula hasta las Azores, donde la agencia espacial de Portugal está desarrollando un puerto espacial. Esta misión también se enfocará en la reentrada pero permitirá recuperar el vehículo y las cargas útiles.
Cacciatore expresa un orgullo genuino por los logros hasta la fecha, pero es consciente de que el verdadero hito será lograr el vuelo exitoso: “Hasta que volamos, no hemos hecho mucho. Las palabras son agradables, pero volar es la prueba definitiva.”
Este viaje representa no solo el esfuerzo de un emprendedor, sino la oportunidad de transformar la industria espacial europea y global, sentando las bases para un futuro en el que la exploración del espacio y la innovación tecnológica están más interconectadas que nunca.
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