Elizabeth Ogaz, conocida en redes sociales por la popular frase “se hace la vístima”, falleció a los 61 años durante la madrugada del 14 de abril. Aunque su deceso ocurrió en esa fecha, la noticia comenzó a circular con fuerza un día después, el 15 de abril, generando conmoción entre quienes recordaban su momento viral y también entre quienes conocían las dificultades que enfrentó en los últimos años.
De acuerdo con los reportes, Ogaz padecía de diabetes, una condición que deterioró gravemente su salud. A finales de marzo del presente año, su situación se complicó debido a una herida que se le infectó, lo que derivó en la amputación de sus piernas. Desde entonces, permanecía hospitalizada y sometida a tratamientos intensivos y procesos de rehabilitación. A pesar de los esfuerzos médicos, su estado empeoró al desarrollar una septicemia —una infección grave en la sangre— que finalmente le causó la muerte.
Elizabeth Ogaz se volvió una figura viral en 2019, luego de ofrecer una entrevista donde, de manera espontánea, pronunció la frase “se hace la vístima” al referirse a un conflicto con otra persona. El error al pronunciar “víctima” se convirtió rápidamente en un fenómeno en internet. Usuarios de redes sociales comenzaron a replicar el momento una y otra vez, editándolo en memes, videos e incluso una canción con ritmo de DJ, en la que se mezclaba su voz con música electrónica.
Aunque esta popularidad repentina la colocó en el centro del humor digital por un tiempo, también tuvo efectos negativos profundos en su vida. Ogaz fue objeto de burlas constantes y de acoso en su propia comunidad, lo que afectó no solo su bienestar emocional, sino también su situación económica. En varias ocasiones expresó su descontento con la manera en que su imagen y voz habían sido utilizadas sin su consentimiento, y manifestó su deseo de recibir algún tipo de reconocimiento o compensación por los derechos de autor relacionados con el uso viral de su frase. Sin embargo, dicho reconocimiento nunca llegó.
La historia de Elizabeth Ogaz va más allá de un meme; es un reflejo de cómo la viralidad puede transformar —y en ocasiones trastocar— la vida de una persona común. Su fallecimiento ha reavivado la conversación sobre el respeto a la dignidad de quienes, sin buscarlo, se convierten en rostros conocidos por errores o momentos fortuitos que internet no olvida.
Gracias por leer Columna Digital, puedes seguirnos en Facebook, Twitter, Instagram o visitar nuestra página oficial. No olvides comentar sobre este articulo directamente en la parte inferior de esta página, tu comentario es muy importante para nuestra área de redacción y nuestros lectores.


