La conservación de la energía establece que esta no solo se transforma, sino que también es un principio integrador en diversos aspectos, incluido el financiero. Esta noción se refleja en la reciente revisión que la agencia calificadora Moody’s realizó sobre el riesgo crediticio de Petróleos Mexicanos (Pemex), que se evalúa bajo una nueva óptica, la del “riesgo México”.
La analista de Pemex en Moody’s, Roxana Muñoz, destacó la importancia del Plan Estratégico 2025-2030, señalando que la colaboración del gobierno federal, a través de las secretarías de Hacienda y Energía, así como las instituciones de banca de desarrollo, con la petrolera, se percibe como un elemento positivo.
Sin embargo, la calificación de Pemex aún está bajo revisión y Moody’s espera completar su evaluación en el tercer trimestre de este año, cuando se revelen más detalles sobre el referido Plan Estratégico, incluyendo un fondo de inversión que es crucial para el análisis de su atractivo en los mercados.
La situación financiera de Pemex, reconocida como precaria por la propia Moody’s, es fundamental, pues influye directamente en la calificación de la deuda soberana de México. Por su parte, Fitch Ratings indica, con un tono más optimista, que la calificación de México podría ser superior si no existiera el lastre del pasivo contingente que supone Pemex. Además, Standard and Poor’s considera que el riesgo asociado a Pemex es, de facto, un riesgo para México, al estimar casi una certeza de apoyo estatal a la petrolera en circunstancias de crisis.
Aunque Pemex está recibiendo un refuerzo financiero que podría mejorar su perspectiva de deuda, esto plantea nuevos riesgos para las finanzas públicas y, a su vez, hace que la calificación soberana sea objeto de análisis minucioso. Realmente, el respaldo fiscal que recibe Pemex podría apreciarse más como un indicador de fracaso que como un signo de solidez, ya que su viabilidad debería ser garantizada sin necesidad de recursos públicos.
Frente a este panorama, es palpable que se requiere una reforma estructural, similar a la intentada durante el gobierno de Peña Nieto, para recuperar la eficacia del negocio central de Pemex, adecuando su tamaño y fomentando participación privada para lograr una rentabilidad genuina en el futuro.
El camino por delante exige decisiones políticas decididas que orienten tanto a Pemex como al sector energético mexicano hacia un rumbo de estabilidad y sostenibilidad. La inacción podría conducir a una pérdida del grado de inversión de la deuda soberana de México, lo que acentuaría aún más el reto en el entorno económico nacional.
La información presentada corresponde a la fecha de publicación original del análisis, el 19 de agosto de 2025, siendo crucial tomar en cuenta el contexto actual hasta 2026.
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