El pasado domingo, en el emblemático Indianapolis Motor Speedway, se desató una controversia que generó revuelo en el mundo de la IndyCar. Los oficiales detectaron una irregularidad en el atenuador trasero del Chevrolet Penske nº 2, pilotado por Josef Newgarden. Esto se debió a que el equipo había modificado una parte que debía permanecer intacta, lo que no fue bien recibido por la organización.
A pesar de que Will Power logró pasar la verificación técnica, el mismo no corrió con la misma suerte que Newgarden. Ambos pilotos intentaron realizar arreglos en sus vehículos durante la sesión de precalificación, en un intento de continuar con la clasificación en la ronda de los 12 Rápidos. Sin embargo, estos ajustes estaban prohibidos, lo que llevó a que sus coches fueran excluidos de la competición. Newgarden originalmente iba a iniciar la carrera en la posición 11, mientras que Power lo habría hecho en el lugar 12. Esta situación suscitó comentarios de otros competidores, incluido Pato O’Ward, quien argumentó que los vehículos de Penske no sólo infringieron las normas de clasificación del sábado, sino que también deberían haber sido descalificados.
La respuesta de la IndyCar fue contundente. Nueva medidas sancionadoras se anunciaron: tanto Newgarden como Power partirán desde el fondo de la parrilla en las posiciones 32 y 33, respectivamente. El presidente de la IndyCar, J. Douglas Boles, enfatizó la importancia de mantener la integridad del evento, indicando que las sanciones no serían meramente simbólicas. Las decisiones buscaban ser un ejemplo de que no se tolerarían faltas a las normas.
Además de la penalización en posiciones de salida, el equipo recibió una multa de 100.000 dólares, y sus estrategas fueron suspendidos. El escándalo afectó también a Scott McLaughlin, quien no pudo participar en la clasificación debido a un accidente sufrido durante los entrenamientos.
Los oficiales de IndyCar continuaron inspeccionando el vehículo nº 3, confirmando que este contaba con un atenuador conforme a las normas. “La IndyCar se encuentra en un momento de fortalecimiento y queremos asegurar que la competición se mantenga justa y rigurosa”, añadió Boles, resaltando su compromiso por garantizar condiciones equitativas para todos los competidores.
Esta controversia revela la tensión y el rigor que rodean a las 500 Millas de Indianápolis, un evento que no sólo ofrece velocidad y espectáculo, sino que también exige estricta adherencia a las reglas para salvaguardar la competitividad y la integridad del deporte.
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