La rentabilidad presenta un desafío constante para las pequeñas y medianas empresas (pymes) en su lucha por la supervivencia en el competitivo mercado actual. Un aspecto crítico que enfrentan es la gestión de cuentas por pagar, lo cual puede llevarlas a buscar financiamiento adicional a través de créditos. Sin embargo, muchas veces estos créditos les son negados, poniendo en jaque su continuidad.
Según datos de la Asociación de Emprendedores de México (Asem), una pyme tarda, en promedio, 2.4 años en alcanzar la rentabilidad. Durante este período, los compromisos financieros no cesan, lo que puede conducir a situaciones de emergencia donde la opción del empeño surge como una alternativa viable. Eduardo Dondé, presidente de la Fundación Dondé, destaca que, contrariamente a lo que se podría pensar, los empresarios que recurren a empeñar activos son los más proactivos, pues aprovechan diversas alternativas de financiamiento para hacer frente a problemas temporales, como la falta de pago de un cliente.
El retraso en los pagos de los clientes es un fenómeno común que afecta a casi el 28% de las empresas, según Asem. Este tipo de retrasos no solo impacta en la liquidez, sino que también reduce la capacidad de las pymes para cumplir con sus propias obligaciones, como el pago de nómina o a proveedores. En promedio, el tiempo de espera para recibir el pago de los clientes puede demorar hasta 62 días, lo que insta a muchas empresas a recurrir al empeño como una herramienta para mantener su operación en tiempos difíciles.
Pese al estigma que rodea el empeño, Dondé enfatiza que es una manera efectiva de gestionar crisis económicas temporales. Según comentó, “en el peor de los casos, se pierde el coche o las joyas, pero no pasa a mayores, porque la empresa se mantiene viable”. Para muchas pymes, solicitar un crédito puede ser un proceso largo y tedioso, que a menudo termina en una negativa por considerarlas de alto riesgo. Esto refuerza la idea de que el empeño puede ser una solución rápida y efectiva para afrontar imprevistos financieros.
El déficit en la planeación financiera es otro de los grandes obstáculos para las pymes. Según la Encuesta Nacional de Financiamiento de las Empresas (ENAFIN), tres de cada diez negocios que fueron rechazados para un crédito enfrentan problemas de crecimiento, lo que a su vez afecta su operatividad. Además, un 17% de las pymes debió cancelar contratos, el 13% tuvo que suspender temporalmente sus operaciones y un 8% se vio obligado a reducir su plantilla.
Frente a estos desafíos, Dondé insta a los empresarios a no temer al empeño y a considerarlo como una opción legítima para obtener financiamiento. “El empeño te da la opción de poner a trabajar tu patrimonio”, concluye. Así, mientras el acceso a financiamiento seguro y rápido sigue siendo una barrera para muchas pymes, el empeño se perfila como una alternativa sensible para mitigar crisis de liquidez y garantizar la subsistencia de sus negocios.
Gracias por leer Columna Digital, puedes seguirnos en Facebook, Twitter, Instagram o visitar nuestra página oficial. No olvides comentar sobre este articulo directamente en la parte inferior de esta página, tu comentario es muy importante para nuestra área de redacción y nuestros lectores.


