Reunido en el Antiguo Instituto de Gijón, el jurado del Premio de la Crítica, promovido por la Asociación Española de Críticos Literarios, ha decidido reconocer este año al académico y escritor Arturo Pérez-Reverte (Cartagena, 69 años) por Línea de fuego (Alfaguara), su novela sobre la trágica batalla del Ebro. El galardón también tiene una categoría lírica, que ha ganado Ramón Andrés (Pamplona, 1955) por su poemario Los árboles que nos quedan (Hiperión).
Tsunami, de Albert Pijoan, y Sempre és tard, de Josep María Escrivá, han sido los premiados en lengua catalana. O libro da filla, de Inma López Silva, y A desvértebra, de Ana Romaní, en gallego. El vasco también ha tenido representación de la mano de Pello Lizarralde y Jon Gerediaga, autores de Argiantza y Natura Berriak respectivamente.
El presidente del jurado, Fernando Valls, ha destacado la calidad de todas las obras y la relevancia de los premiados en castellano: “Son dos autores muy diferentes y ambas obras nos han gustado mucho. No solemos premiar obras como la de Pérez Reverte, tan conocidas, pero en esta ocasión nos ha encantado y hemos creído que lo merecía ―ha declarado a este diario tras el anuncio de la concesión―. Dentro de todo lo que se ha escrito sobre la Guerra Civil española, Línea de fuego destaca por la pluralidad de voces que aporta. Muestra el horror de la batalla desde el aspecto humano, con personajes que a veces están en un bando u otro por azar, todo muy bien contado. No es equidistante, pues la narración parte de la legalidad de la República, pero los franquistas tampoco aparecen como monstruos. En definitiva, pensamos que es una novela compleja, plural y múltiple”.
En su libro laureado, Pérez-Reverte cuenta la conquista republicana y la pérdida posterior a manos rebeldes de un pequeño pueblo situado entre Mequinenza y Fayón, muy cerca del río Ebro. No existe tal pueblo (Castellets del Segre), pero bien podría existir: sobre su control y pérdida pivota el relato, a fin de detallar la pluralidad de facciones políticas que cada parte aportó para perfeccionar la masacre. Cada subgrupo de un bando —los legionarios, los falangistas y la Guardia Mora— o del otro —comunistas, anarquistas y trotskistas— desfila por estas páginas.


