En los oscuros pasillos de la cárcel federal, Rubén Oseguera, conocido como El Menchito, comparte momentos con Mario Ramírez Treviño, apodado El Pelón, mientras se encuentran confinados en la misma celda. Con una sonrisa, El Menchito entona un corrido que celebra un acto que marcó su vida: el derribo de un helicóptero militar en 2015, un hecho que no solo fue un golpe al gobierno, sino también un símbolo de su lealtad hacia su padre, Nemesio Oseguera, conocido como El Mencho, líder del Cartel Jalisco Nueva Generación (CJNG).
Ese corrido, “¿Van a querer más?”, refleja con orgullo la imagen del joven que participó activamente en la hazaña, donde un bazucazo hizo caer un helicóptero militar y resultó en la muerte de nueve uniformados. Para El Menchito, el evento se tornó un hito de unión con su padre y un catalizador para su agresividad y ambición en el mundo criminal.
Los ecos de esta historia resonaron en el juicio que llevó a El Menchito a ser condenado a cadena perpetua. Su vecino de celda, El Pelón, se convirtió en testigo clave, describiendo a El Menchito antes y después de este suceso. Antes, era un joven considerado calmado; después, se convirtió en una figura más violenta, empeñado en demostrar su valía como el heredero del cartel.
Con el Menchito en prisión y su padre aparentemente muerto, la dirección del CJNG ha sufrido un golpe devastador. El Mencho, hasta hace poco un enigma para las autoridades, fue retratado a través de múltiples relatos y testimonios que revelan distintas facetas de su vida. Desde el uso de tácticas brutales para proteger su imperio hasta su lado humano, caracterizado por su amor hacia su familia, cada aspecto del líder del cartel ha sido analizado profundamente.
Uno de los testimonios más reveladores proviene de Herminio Ancira, apodado El Indio, quien observó de cerca la relación entre padre e hijo. Desde el inicio de su carrera delictiva en 2009, El Menchito fue visto como un socio igual al Mencho, quien prohibía que sus subordinados se dirigieran a él de otras maneras que no fueran de respeto y formalidad. El Indio relató cómo el Menchito era un joven inteligente y ambicioso, que impulsó al cartel a introducirse en el negocio del fentanilo, a pesar de la negativa inicial de su padre.
Los relatos también apuntan a la brutalidad del Menchito. Se dice que, en un arranque de ira, mató a un guardaespaldas por un leve error, y a otras seis personas por deudas. Estos actos de violencia, inesperados y desconcertantes, forman parte del oscuro legado que ha dejado su familia, donde el miedo y la lealtad se entrelazan en un entorno marcado por la traición y la estrategia criminal.
El vínculo entre El Menchito y su familia ha sido complicado. Su abuela materna, tratando de mitigar la condena de su nieto en EE. UU., escribió que “él no escogió al padre que le tocó”. Sin embargo, los testimonios revelan un lazo familiar sólido. El Menchito pasaba sus días a la sombra de su padre, actuando como mensajero y, en ocasiones, protector de su madre, Rosalía González Valencia, conocida como La Jefa.
Con la extradición de El Menchito, su padre expresa un profundo dolor, convencido de que pronto logrará traerlo de vuelta. Este súplica se escucha incluso en las letras de corridos que exaltan su relación, reafirmando la conexión que persiste más allá de las rejas y la violencia que los une.
A medida que la situación del CJNG se complica, con líderes atrapados y airados en conflicto, la historia de la familia Oseguera destaca como un recordatorio del poder y la tragedia de la herencia criminal en México, donde la mezcla de amor familiar y violencia crea una narrativa fascinante y desgarradora al mismo tiempo.
Gracias por leer Columna Digital, puedes seguirnos en Facebook, Twitter, Instagram o visitar nuestra página oficial. No olvides comentar sobre este articulo directamente en la parte inferior de esta página, tu comentario es muy importante para nuestra área de redacción y nuestros lectores.
![[post_title]](https://columnadigital.com/wp-content/uploads/2026/03/Perfil-del-Mencho-en-imagenes-1024x570.png)

