El inicio de la Africa Basel art fair, programada para el 17 de junio de 2026, se vio ensombrecido por la negativa de visas que enfrentó el equipo de Umoja Art Gallery, ubicado en Kampala, Uganda. Esta situación subraya una realidad lamentable en el mundo del arte contemporáneo, donde las barreras administrativas pueden eclipsar los esfuerzos de artistas y galerías.
A pesar de haber preparado su participación durante meses, Umoja se encontró con un vacío en su booth, que se limitaba a un letrero lamentando que su presencia no era posible debido a la denegación de visas. Este significativo gesto visual revela no solo la ausencia de obras, sino también el impacto de políticas migratorias restrictivas en la voz de los artistas, particularmente aquellos que emergen de contextos menos favorecidos.
Desde su apertura el año anterior, African Basel se ha presentado como un espacio importante para las galerías internacionales que exhiben obras de artistas africanos y de la diáspora. En esta segunda edición, se ha ampliado a 19 galerías, ofreciendo un punto de convergencia para diversas narrativas culturales. Sin embargo, el caso de Umoja pone de manifiesto las luchas que enfrentan muchos en el continente. La galería, fundada en 2011, no solo representa a artistas establecidos y emergentes, sino que también apoya un programa de residencias que fomenta la creatividad en la región.
Entre los artistas que Umoja planeaba exhibir se encuentra Makano, un joven artista congoleño radicado en Kampala, cuya obra explora la corrupción y los desafíos sociales. Su visión, expresada en sus palabras sobre la depresión y la frustración, habla a la urgencia de voces que reclaman atención en el panorama global. John Hillary Balyejusa, uno de los miembros del equipo que debía representar a la galería, explicó que luego de dos meses de esfuerzos infructuosos por conseguir visas, considera que la epidemia de ébola en la región, aunque no afecte directamente a Uganda, podría haber influido en su situación.
El letrero en la galería también señala una desconexión alarmante entre la idealización de un circuito artístico global y las realidades que muchos enfrentan al intentar acceder a él. “Mientras que el intercambio artístico depende del movimiento de personas, ideas y culturas”, reza el mensaje, “no todos disfrutan de la misma libertad para participar”. Esta realidad resuena con fuerza en un mundo donde la creatividad y el diálogo cultural deberían ser accesibles para todos, sin importar las fronteras geográficas.
En conclusión, el caso de la Umoja Art Gallery es un recordatorio claro de que, a pesar de los progresos alcanzados en la promoción del arte africano, aún persisten obstáculos significativos que limitan la visibilidad de voces valiosas. El evento, aunque diseñado para celebrar la diversidad y el talento, pone de relieve las injusticias que muchos continúan enfrentando, invitando a los líderes culturales y políticos a reflexionar sobre las reformas necesarias para construir un mundo del arte verdaderamente inclusivo.
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