La muerte de Nemesio Oseguera Cervantes, conocido como El Mencho, el pasado domingo en Tapalpa, Jalisco, ha dejado en el aire la gran pregunta: ¿qué sucederá ahora con el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG)? Este interrogante ha despertado interés en diversos círculos, desde el ámbito de la seguridad hasta los medios de comunicación. Sin embargo, cualquier pronóstico debe ser abordado con cautela, ya que no existe certeza sobre el futuro de una organización que opera en la clandestinidad.
Sabemos que, tras la muerte de su líder, el CJNG ha demostrado seguir siendo una fuerza imponente. En las horas posteriores al evento, el cártel llevó a cabo 252 bloqueos de carreteras en 20 estados, con incendiarios de vehículos y ataques coordinados, además de lograr la fuga de 23 individuos de una prisión en Puerto Vallarta. Este despliegue de violencia sugiere tanto un mensaje de poder externo como una señal de tensión interna, con ambas dimensiones coexistiendo en este fenómeno.
Es crucial reconocer que el CJNG no opera de manera rígidamente jerárquica. Diversos analistas describen su estructura como un modelo de franquicia, donde los grupos regionales actúan con significativa autonomía, aunque bajo el estandarte y los recursos del cártel. Esta flexibilidad podría heraldar mayor resistencia ante la eventual desaparición de su figura central.
Ante este panorama, se presentan varios escenarios futuros para el CJNG:
Sucesión ordenada: El nombre que más suena es el de Juan Carlos Valencia González, apodado El Pelón, hijastro de Oseguera. Si logra consolidar su liderazgo, existe la posibilidad de que el cártel mantenga su cohesión. Sin embargo, su estatus como contendiente no equivale a un reemplazo probado.
Fragmentación violenta: Sin un sucesor fuerte, diferentes facciones podrían comenzar a disputarse rutas y territorios. Así sucedió con el Cártel de Sinaloa tras la captura de El Chapo, lo que llevó a divisiones internas y un aumento de la violencia.
Absorción por rivales: Un CJNG debilitado podría convertirse en blanco de otros grupos que busquen apropiarse de sus operaciones en áreas estratégicas como Jalisco o Colima.
Reorganización silenciosa: Con más de 15 años de establecimiento de complicidades con gobiernos locales, fuerzas policiales y el sistema judicial, estas redes pueden persistir incluso tras la caída de su líder, propiciando un repliegue estratégico y una reestructuración encubierta.
Punto de inflexión real: En un escenario más optimista, que sin embargo parece poco probable sin acciones rápidas por parte del gobierno, podría abrirse una ventana de oportunidad. Para aprovecharla, sería necesario desmantelar las estructuras financieras, logísticas y la protección política que rodea al cártel.
La historia reciente nos muestra que el escepticismo es una postura válida. Cada vez que se celebra la caída de un gran líder en el crimen organizado, los cárteles demuestran su adaptabilidad. El verdadero desafío para el gobierno, encabezado por la presidenta Claudia Sheinbaum, no comenzó con la muerte de Oseguera, sino que se manifiesta en los días posteriores, donde el futuro del CJNG y el impacto sobre la seguridad en México se vuelven más palpables y urgentes.
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