En un acontecimiento reciente en la Semana de la Moda de Nueva York, protestas de PETA irrumpieron en el espectáculo de la marca sueca COS, denunciando el uso de lana por parte de la empresa y alegando abusos hacia las ovejas. La situación cobró notoriedad cuando un video del CEO del Consejo de Diseñadores de Moda de América, Steven Kolb, conteniendo a dos activistas, se viralizó. Como resultado, Kolb ha anunciado su decisión de tomar un descanso voluntario, comprometiéndose a trabajar con un profesional para evitar que tal incidente se repita.
La contundente postura de PETA se hizo evidente a través de carteles que inducían a la reflexión, proclamando: “Ovejas golpeadas y sangrantes por la lana, ¡no la compres!” En su sitio web, la organización enfatiza que “ninguna certificación puede proteger a las ovejas de la crueldad inherente de la industria de la lana”.
Por otro lado, algunos expertos argumentan que existen métodos para obtener lana que pueden ser beneficiosos tanto para los seres humanos como para los animales y el medio ambiente. A través de siglos de cría selectiva, se ha generado una dependencia en la que muchas ovejas necesitan ser esquiladas, dado que no pueden regular el exceso de lana por sí solas. En países como Suecia y Australia, se exige a los granjeros esquilar sus ovejas al menos una vez al año en cumplimiento con las leyes de bienestar animal. Además, la lana puede representar una alternativa textil regenerativa, donde ciertos métodos de producción pueden contribuir a la salud del suelo, mejorar la biodiversidad y disminuir las emisiones de carbono.
Lisa Bergstrand, fundadora y directora de la consultoría de sostenibilidad Bergstrand Consultancy, señala que “mientras tengamos ovejas, éstas seguirán produciendo lana”. Ella aboga por el uso responsable de este recurso, enfatizando la importancia del bienestar animal y la preservación del medio ambiente.
Bergstrand ha establecido el Good Wool Collective para educar y asistir a las marcas en la obtención de lana de manera responsable. “El gran problema es que las marcas no son conscientes de la procedencia de los materiales”, comenta. Bergstrand ha viajado por diversas granjas en todo el mundo y ha observado los beneficios ambientales de la ganadería regenerativa.
Sin embargo, la industria de la lana enfrenta serios problemas relacionados con el bienestar animal y cuestiones ambientales. Melanie Lary, gerente de investigación y campañas de la organización de bienestar animal Four Paws, advierte que muchos consumidores desconocen el sufrimiento que subyace a la producción de lana. Dentro de estos problemas se encuentran prácticas controvertidas como el corte de cola, la castración y el esquilado agresivo.
Un aspecto crítico que afecta a la industria es el mulesing, un procedimiento que implica la extracción de piel cercana a la cola del cordero sin anestesia, con el fin de prevenir el strike de moscas, una condición letal. Aunque poco común en Estados Unidos, el mulesing es legal en Australia, que se posiciona como el segundo mayor productor de lana en el mundo.
Es evidente que el diálogo sobre la producción de lana está lejos de ser sencillo, entre críticas por la crueldad animal y el potencial de prácticas sostenibles. Mientras tanto, el enfoque hacia la transparencia y la trazabilidad continúa siendo fundamental en la industria textil.
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