Entrenada en la rica tradición camboyana, la danza clásica camboyana tiene raíces que se hunden más de mil años en el sureste asiático. Este arte sagrado casi desapareció debido a los atroces actos del régimen de los Jemeres Rojos, que eliminó a un cuarto de la población de Camboya, enfocándose particularmente en los bailarines y músicos maestros. Sin embargo, este tesoro cultural ha renacido gracias a la protección de la UNESCO como Patrimonio Cultural Inmaterial, convirtiéndose en un potente símbolo de la identidad camboyana.
Fuera de las principales ciudades como Phnom Penh y Siem Reap, escasean las personas que poseen las habilidades necesarias para transmitir estas danzas narrativas y espirituales, reconocidas por sus delicados gestos y la posición distintiva de dedos y pies. En Lowell, Massachusetts, se encuentra un vibrante enclave cultural donde los refugiados que huyeron del genocidio camboyano han hecho su hogar. En este contexto, Peter Veth, co-director de Urban Khmer Ballet y colaborador de Angkor Dance Troupe, desempeña un papel crucial como intérprete y maestro de este arte tan matizado.
Veth descubrió la danza clásica camboyana durante la celebración del Año Nuevo camboyano de su escuela secundaria. “Me enamoré de este estilo de danza en sexto grado”, recuerda. Su fascinación lo llevó a una compañía de danza local, donde, con un poco de ingenio, se unió a las clases sin que sus padres se dieran cuenta. Así inició un viaje que lo llevaría a descubrir no solo su pasión por la danza, sino también su talento innato para el movimiento.
En sus primeros años de formación, además de la danza clásica, desarrolló un interés por el hip-hop, aprendiendo los pasos a través de cintas VHS que compartía con sus amigos. Reflexionando sobre su experiencia, destaca que, aunque al principio no se consideraba un instructor, pudo llevar a cabo una enseñanza significativa tanto en la danza tradicional camboyana como en el hip-hop. Sin la oportunidad de entrenar en Camboya, Veth ha buscado y aprendido de maestros que visitan, manteniendo viva la tradición al tiempo que la hace accesible a las nuevas generaciones.
A día de hoy, Veth es un símbolo de la preservación y la evolución de la diáspora camboyana en América. “La danza clásica camboyana trata sobre la conservación”, señala, “pero yo también soy un rebelde. Intento mantener la esencia de la danza, aunque estoy dividido entre dos culturas”. Su papel como artista y educador lo posiciona en un continuo vaivén entre la libertad de la cultura americana y la disciplina de la cultura camboyana.
Independientemente de las opiniones sobre quién puede considerarse un auténtico transmisor de la danza clásica camboyana, Veth está ampliando su influencia más allá de su comunidad. Ha sido llamado a consultar sobre la danza tradicional camboyana en diversas partes del mundo, enfatizando la necesidad de que las generaciones más jóvenes conozcan y experimenten la cultura jemer.
Las clases que imparte son un componente clave de su labor. “Realizamos cuatro horas de clases los domingos”, explica. Comienzan con un ejercicio de calentamiento conocido como “Ejercicio de la Madre”, seguido del aprendizaje de danzas del repertorio. Para Veth, la comunicación corporal es fundamental, especialmente a través de las manos, que actúan como un lenguaje universal en la danza.
El impacto de sus enseñanzas es evidente en la diversidad de roles que ha comenzado a explorar. En la tradición, la mayoría de los papeles son interpretados por mujeres, pero como artista gay, Veth ha roto barreras, convirtiéndose en uno de los primeros en asumir roles no tradicionales. Además, un consejo que comparte con sus estudiantes es entender las letras de las canciones, ya que esto les permite aprender más rápidamente y conectar más profundamente con la danza.
Con su conocimiento y pasión, Peter Veth no solo busca preservar la danza clásica camboyana, sino también adaptarla y expandirla en un contexto contemporáneo, asegurando que tanto las raíces como el futuro de esta forma de arte estén en buenas manos.
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