El clima de represión hacia la comunidad LGBTQ+ en Turquía continúa intensificándose. Este último domingo, la policía llevó a cabo detenciones masivas, arrestando al menos a 50 personas durante los actos del Orgullo en Estambul, incluyendo a periodistas que intentaron cubrir la manifestación. Esta acción represiva se suma a años de restricciones que han marcado la historia de las celebraciones del Orgullo en el país, las cuales no se celebran libremente desde 2015.
Las fuerzas de seguridad establecieron restricciones significativas en la emblemática plaza Taksim, colocando barreras metálicas y acordonando la zona, a la vez que prohibieron concentraciones en diversos barrios, como Kadikoy, en la ribera asiática del Bósforo. La interrupción del servicio de metro en varios puntos del centro de la ciudad fue otra táctica utilizada para obstaculizar la movilización de los participantes.
Sin embargo, a pesar de los obstáculos, grupos de activistas LGBTQ+ lograron convocarse en diferentes lugares a lo largo de la ciudad. “El día no ha terminado. En realidad, recién estamos empezando. No renunciamos. Seguiremos saliendo a la calle, dondequiera que estemos”, fueron las palabras que resonaron entre los manifestantes, aun cuando estas expresiones de resistencia llevaron a que varias personas fueran trasladadas en furgones policiales.
La Union Turca de Periodistas denunció que los reporteros que intentan cubrir estos eventos enfrentan “obstáculos ilegales”. La periodista Muberra Unsal fue detenida a pesar de identificarse adecuadamente ante las autoridades, un reflejo del contexto hostil hacia la prensa.
Este episodio de represión no es aislado. Un día antes, en Ankara, al menos ocho personas habían sido detenidas en una marcha similar, y semanas previas también se registraron arrestos de periodistas en concentraciones previas. La comunidad LGBTQ+ ha señalado que el partido gobernante, el AKP, dirigido por el presidente Recep Tayyip Erdogan, ha intensificado su retórica en contra de las minorías sexuales.
Históricamente, la primera marcha del Orgullo en Estambul se celebró en 2003, creciendo a medida que las generaciones de activistas tomaron las calles. En 2014, se dio la mayor edición hasta la fecha, con más de 100,000 participantes. Sin embargo, la situación ha cambiado drásticamente desde 2015, cuando se negaron los permisos para la celebración, aduciendo razones religiosas y de seguridad.
El índice de derechos LGBTQ+ en Turquía es alarmante; en 2013, el país ocupaba el puesto 39 de 49 en Europa según ILGA-Europe. Hoy, ese ranking se ha deteriorado significativamente, ubicando a Turquía en el penúltimo lugar del continente, solo por encima de Azerbaiyán y Rusia, con una puntuación del 5%.
El contexto actual es un claro reflejo del retroceso en materia de derechos civiles, donde a pesar de que la homosexualidad no es ilegal en Turquía desde 1858, las políticas y las medidas administrativas generan un ambiente de miedo y represión sistemática. Erdogan, cuyo partido ha dominado la política turca desde 2002, ha convertido la oposición a los derechos LGBTQ+ en un pilar de su agenda política, designando 2025 como el “Año de la Familia” y proclamando un enfoque conservador hacia los roles de género y la sexualidad.
La lucha por los derechos de la comunidad LGBTQ+ en Turquía no solo es una cuestión de visibilidad, sino también de resistencia ante un sistema que busca silenciar sus voces. La prohibición de la marcha del Orgullo y la represión creciente marcan un capítulo difícil en la historia modernizada de este colectivo, un tema que merece atención y apoyo internacional.
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