La construcción de una democracia efectiva en México ha enfrentado serios desafíos a lo largo de la historia. A menudo, las intenciones de avanzar en la cultura democrática han sido superadas por intereses personales y estrategias políticas cortoplacistas. En la actualidad, un hecho preocupante es que muchos políticos, incluyendo aquellos que en su momento defendieron con fervor principios democráticos, parecen haber traicionado esos ideales.
Andrés Manuel López Obrador, quien en su papel de opositor abogó por la división de poderes y un sistema político menos centralizado, al llegar al poder, tomó decisiones que han cuestionado esos mismos compromisos. La centralización del poder en su figura y el del partido que encabeza ha generado un descontento significativo, especialmente entre aquellos que lucharon para fomentar un sistema más plural y respetuoso del federalismo.
Claudia Sheinbaum, actual figura política de relevancia, se beneficia de las conquistas democráticas sin haber estado presente en las luchas que forjaron este avance. Esto ha alimentado la percepción de que su compromiso con la democracia es débil, siendo su postura fundamentalmente alineada con la ejecución de reformas que podrían reinterpretar la esencia misma de la democracia en beneficio de su partido.
Desde la independencia de México hasta el año 2000, las elecciones, en su mayoría, estaban condicionadas por el gobierno en turno, lo que limita drásticamente el desarrollo de una cultura democrática entre la población. La promulgación de cambios políticos a partir de 1988, aunque significativos, fue principalmente fruto de acuerdos entre elites políticas y no incluyó la participación activa de la sociedad en general.
Este desfase entre cambios políticos y la vida diaria ha resultado en una falta de reconocimiento de los avances democráticos por parte de la ciudadanía. Problemas persistentes como la desigualdad, la pobreza y la inseguridad han dominado el panorama social mexicano, dando la impresión de que la democracia no ha logrado beneficiar a la mayoría.
La elección del año 2000 representó un avance al ver a la población ejercer un voto que contaba, sin embargo, la decepción por la falta de resultados concretos propició un ascenso del populismo, liderado por López Obrador. Con sus políticas de apoyo directo a los sectores vulnerables, ha sabido capitalizar la situación, pero también ha contribuido a la consolidación de su imagen y la del partido en el poder.
La situación actual exige un esfuerzo renovado en la concientización de la población sobre la importancia de la democracia, la separación de poderes y una justicia independiente. La movilización ciudadana es crucial para enfrentar un periodo donde el poder está en manos de aquellos que parecen olvidar el legado y las luchas por una verdadera democracia. Es un llamado a despertar el interés por participar, opinar y actuar en un sistema que debe ser, ante todo, representativo y plural.
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