El 4 de julio, Venus entra en Géminis, trayendo consigo una energía más ligera, curiosa y social. Este tránsito sugiere que el amor empieza a manifestarse a través de la conversación, el juego y el coqueteo, priorizando conexiones que estimulen la mente antes que lo físico. Se reduce el drama emocional, recordándonos que reír y conectar sin intensidad emocional es no solo viable, sino recomendable.
Ese mismo día, Neptuno inicia su retrogradación en Aries, moviéndose hacia su regreso a Piscis en octubre. Este período marca el comienzo de una depuración significativa de ideales individualistas y las identidades rígidas que hemos defendido sin cuestionar. Se nos invita a soltar narrativas personales que ya no se alinean con nuestro crecimiento espiritual. Lo que alguna vez consideramos como “verdades absolutas” sobre nosotros mismos empieza a disolverse, dando paso a una comprensión más auténtica.
El 7 de julio, Urano comienza su tránsito en Géminis, constituyendo un preludio esencial de lo que se espera en 2026, cuando este planeta se establezca definitivamente en este signo. Durante su breve paso, hasta noviembre, Urano agita el pensamiento colectivo, la tecnología y la forma en que nos comunicamos y aprendemos. Si notas que tu mente está más inquieta, es el efecto de Urano despertando nuevas maneras de interpretar y entender la realidad, ofreciendo nuevas ideas y posibilidades.
La Luna Llena del 10 de julio en Capricornio pone de relieve las cosas que hemos sostenido solo por cumplir, aunque nuestra alma ya no lo desee. Este evento astral requiere un balance entre nuestras ambiciones y nuestras necesidades emocionales de contención, invitándonos a tomar decisiones en el ámbito profesional y a cerrar ciclos que nos confronten sobre lo que realmente vale la pena continuar.
El 13 de julio, Saturno comienza su retrogradación en Aries, también regresando a Piscis. Este tránsito nos incita a examinar nuestras decisiones con una óptica de responsabilidad emocional. No se trata de estar en un constante estado de autocastigo o rigidez, sino de actuar con madurez y aprender a soltar el control cuando resulta más desafiante.
A partir del 18 de julio, Mercurio entra en retrogradación en Leo hasta el 10 de agosto, abriendo una etapa de reflexión sobre nuestro ego y las narrativas más dramáticas que pueden surgir en nuestra vida pública. Este aspecto invita a preguntarnos: ¿lo que expresamos proviene de nuestra autenticidad o de la búsqueda de aprobación ajena? Este tránsito puede facilitar reencuentros con personas del pasado, errores en la comunicación o incluso regresos creativos inesperados.
El 22 de julio, el Sol entra en Leo, encendiendo un deseo por brillar con mayor confianza, mientras que el 24 de julio, la Luna Nueva en Leo nos invita a sembrar intenciones creativas, amorosas y expresivas. Este periodo ofrece un portal para reescribir nuestra identidad y cómo queremos manifestar nuestros deseos desde un lugar más puro, alejado de las heridas pasadas.
Julio se presenta como un mes propicio para revisar nuestras palabras, creencias y proyecciones. Es un tiempo para cuestionar si siguen siendo verdaderas y propias. Las estructuras mentales y emocionales se ven perturbadas, permitiendo que el corazón se limpie de expresiones motivadas por el miedo, y preparándose para amar, hablar y crear desde una verdad renovada.
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