El arquitecto chileno Smiljan Radić Clarke ha sido reconocido con el prestigioso Premio Pritzker, un galardón frecuentemente denominado como el “Nobel de la arquitectura”. Este anuncio tuvo lugar el pasado jueves, un reconocimiento que sorprendió al propio arquitecto, quien expresó a través de un correo electrónico que recibir el premio es un “gran honor” que, sin embargo, podría traer consigo un aumento de la exposición mediática que preferiría evitar.
Con 60 años, Radić es ya el segundo arquitecto chileno en recibir este premio, después de Alejandro Aravena, quien lo logró en 2016. A pesar de no ser tan conocido internacionalmente como algunos de sus predecesores, como Zaha Hadid o Frank Gehry, ha construido una reputación formidable en círculos artísticos e intelectuales. En 2014, fue descrito por The New York Times como un “rock star entre arquitectos”, gracias a su contribución a la aclamada Serpentine Pavilion de Londres.
Radić ha elaborado numerosos edificios que se han destacado por su capacidad para fusionar estética y funcionalidad. Su obra, que incluye el Teatro Regional del Bío Bío, en Concepción, ha sido elogiada por su innovador diseño, que combina una envoltura semi-translúcida que modula la luz con un rendimiento acústico distintivo. La Pritzker Architecture Prize Committee subrayó cómo “la construcción se convierte en una especie de relato, donde la textura y la masa son tan significativas como la forma”.
El arquitecto creció en Santiago en una familia de inmigrantes: su padre es de Croacia y su madre del Reino Unido. Durante su carrera académica, enfrentó dificultades que casi le costaron su lugar en la Universidad Católica de Chile, una experiencia que considera fundamental para su crecimiento profesional, permitiéndole viajar y estudiar historia. Esposa y colaboradora de Radić, Marcela Correa ha sido parte esencial en muchas de sus obras, incluyendo la Casa para el Poema del Ángulo Recto, una modesta edificación en los bosques de Vilches completada en 2013.
En esta casa, la fusión de ángulos vivos y formas sinuosas ha dado lugar a una impresionante estructura de concreto negro, inspirada en una pintura abstracta de Le Corbusier. La interioridad de la casa es amplia y luminosa, construida con cedro y piedra, un claro reflejo de su filosofía arquitectónica: “significa un retiro contemplativo”.
Otro gran proyecto de Radić es el NAVE, un centro de artes escénicas ubicado en Santiago, que también ha recibido numerosos reconocimientos por su diseño. En su conversación sobre la arquitectura, Radić se adentra en la idea de que los edificios pueden ofrecer interpretaciones de su entorno en lugar de consumo.
A pesar de su éxito en el mundo del diseño, Radić ha discutido las dificultades del momento actual, con inquietudes sobre la destrucción de edificaciones importantes debido a conflictos globales. En sus propias palabras, “la arquitectura es un acto positivo; ayuda a crear realidades concretas donde las personas pueden valorar su entorno de otra manera”.
Este galardón también resalta un contexto más amplio. En febrero, el Premio Pritzker enfrentó críticas tras revelaciones de la relación entre Tom Pritzker, director de la fundación, y Jeffrey Epstein, lo que despertó reflexión sobre la naturaleza del premio en tiempos difíciles.
Por su trabajo, Radić recibirá $100,000 y una medalla de bronce, una recompensa que promueve una conversación continua sobre la importancia y el impacto del diseño arquitectónico en la humanidad. La arquitectura no solo embellece el espacio, sino que en su mejor expresión, puede inspirar a las personas a considerar su lugar en el mundo de maneras nuevas y significativas.
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