En una decisión trascendental, el jurado de premios de la 61ª Bienal de Venecia ha determinado excluir de su consideración a “los países cuyos líderes están actualmente acusados de crímenes de lesa humanidad por la Corte Penal Internacional (CPI)”. Este pronunciamiento se realizó el 23 de abril de 2026, justo un día después de su asamblea oficial, y ha suscitado un fuerte debate en el mundo del arte.
La declaración del jurado subraya la compleja relación entre la práctica artística y la representación del Estado-nación, subrayando cómo esta dinámica condiciona la respuesta de los artistas a los actos de las naciones que representan. Entre los artistas incluidos en la exposición central “In Minor Keys” se encuentran Carolina Caycedo, Walid Raad y Guadalupe Maravilla, quienes también han expresado su apoyo a esta decisión. En una carta abierta, manifestaron su alineación con los principios éticos alrededor de la participación en una exposición internacional de tal magnitud.
El jurado, presidido por Solange Farkas, reconoció que su responsabilidad es otorgar los codiciados Leones de Oro, uno al mejor pabellón nacional y otro al mejor artista en exhibición en “In Minor Keys”. Aunque la declaración del jurado no menciona a ningún país específico, las acusaciones sobre Rusia e Israel son notorias, ya que ambos tienen órdenes de arresto en su contra por parte de la CPI: el presidente Vladimir Putin y el primer ministro Benjamin Netanyahu, acusados de múltiples crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad en Ucrania y Gaza, respectivamente.
La participación de Rusia en la Bienal ha sido objeto de críticas, especialmente tras su reciente regreso después de dos años de ausencia. Artistas como Kirill Savchenkov y Alexandra Sukhareva decidieron retirarse en 2022 como protesta por la invasión de Ucrania. Desde marzo de este año, cerca de 10,000 personas han firmado una carta abierta en oposición a la inclusión de Rusia en la Bienal, lo cual llevó a la Unión Europea a amenazar con suspender su financiación a la Fundación Bienal.
Por otro lado, el pabellón israelí enfrenta igualmente duras críticas por su participación. A pesar de estar en renovación, se ha asegurado un espacio temporal en el complejo del Arsenale para la Bienal. Las protestas en torno a su presencia han sido fervientes, llevando a los curadores y artistas de este pabellón a cerrar sus exposiciones hasta que se logre un acuerdo de cese de hostilidades.
La Art Not Genocide Alliance (ANGA) continúa empujando por un boicot a la Bienal de 2026, argumentando que su objetivo es socavar la normalización cultural de las acciones de genocidio. Recientemente, destacaron que la falta de precisión en el pronunciamiento del jurado, al no nombrar explícitamente a Israel, mantiene un ambiente de impunidad en un contexto de violencia en Gaza y otros territorios ocupados.
En un mundo donde el arte a menudo interactúa con la política, la reciente declaración del jurado resuena con la curaduría de Koyo Kouoh, quien pidió sintonizar con “las frecuencias más bajas”, buscando espacios que salvaguarden la dignidad de todos los seres humanos.
La Fundación Bienal aún no ha emitido un comentario sobre esta situación, que se encuentra bajo una gran presión tanto interna como externa. La creciente crítica hacia la participación de estos países refleja una profunda inquietud sobre cómo el arte y la política pueden entrelazarse en momentos de crisis global.
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