El estado de Querétaro se enfrenta a un crítico desafío en la gestión de sus recursos hídricos, un problema que ha crecido en complejidad debido al acelerado crecimiento económico y poblacional. Según el Programa Hídrico del estado, elaborado por el Consejo Consultivo del Agua y la Comisión Estatal de Aguas (CEA), la situación es alarmante. En solo tres décadas, la población ha crecido de 1 millón a 2.4 millones, lo que ha intensificado la demanda de agua, superando su disponibilidad y creando un estrés hídrico significativo.
La urbanización, impulsada por este crecimiento poblacional, ha impermeabilizado los suelos, reduciendo la capacidad de infiltración del agua y la recarga de los acuíferos. Este fenómeno no solo impacta las reservas hídricas locales, sino que también se traduce en un incremento constante de la huella hídrica, es decir, el volumen total de agua consumido para producir bienes y servicios.
A pesar de que la dotación promedio de agua por habitante aumentó un 20% entre 2007 y 2020, se prevé que, en un futuro cercano, la entidad requerirá más de 7,000 litros por segundo para satisfacer la demanda estatal, casi el doble del consumo actual. La situación es aún más preocupante en la Zona Metropolitana de Querétaro (ZMQ), donde algunos acuíferos exhiben graves abatimientos debido a su sobreexplotación para usos domésticos, agrícolas e industriales. En contraste, otros acuíferos, como los de la Sierra Gorda, mantienen niveles más estables debido a procesos de recarga natural.
De acuerdo con el informe, cerca del 60% de los 12 acuíferos del estado están en condiciones no sostenibles, extrayendo más agua de la que se recarga anualmente. Katia Reséndiz Jaime, presidenta del Consejo Consultivo del Agua, subrayó la urgencia de abordar el estrés hídrico que enfrenta la región. Las recomendaciones incluyen diversificar las fuentes de abastecimiento, recuperar las existentes e invertir en estrategias para minimizar fugas y modernizar la infraestructura hídrica.
El diagnóstico del Instituto de Ingeniería de la UNAM, solicitado por los integrantes del consejo y la CEA, reveló la gravedad de la crisis. En particular, el acuífero del Valle de Querétaro está sobreexplotado, con un déficit anual estimado de entre 65 y 70 millones de metros cúbicos; mientras que la recarga natural ha disminuido más del 40% en los últimos años debido a la urbanización. La caída de los niveles de agua subterránea supera los 100 metros en cinco décadas, alcanzando en algunos puntos tasas de descenso de hasta tres metros anuales.
Además, se observa una alarmante degradación de la calidad del agua y hundimientos de terreno, evidencias claras de un sistema hídrico en estrés extremo. El vocal ejecutivo de la CEA, Luis Alberto Vega Ricoy, enfatizó que el programa no solo se basa en diagnósticos académicos, sino que también busca una colaboración más amplia para enriquecer su contenido.
La respuesta a esta crisis hídrica implica adoptar una serie de medidas urgentes y diferenciadas por región, como la regulación, conservación y monitoreo de acuíferos. Es esencial fortalecer la capacidad estatal en la planificación y gestión hídrica para garantizar una distribución justa y sostenible del agua. El futuro de Querétaro depende de la capacidad de sus gobernantes y ciudadanos para actuar de manera efectiva ante este desafío, asegurando así la seguridad hídrica y alimentaria en los años venideros.
Gracias por leer Columna Digital, puedes seguirnos en Facebook, Twitter, Instagram o visitar nuestra página oficial. No olvides comentar sobre este articulo directamente en la parte inferior de esta página, tu comentario es muy importante para nuestra área de redacción y nuestros lectores.


