La polémica que envuelve a la película del director israelí Nadav Lapid, Yes!, es un reflejo de las tensiones sociales y políticas en Israel. La obra, que está disponible en la plataforma Filmin hasta el 24 de agosto como parte del Atlántida Mallorca Film Fest, no escatima en su crítica hacia la moralidad en la sociedad israelí actual, un aspecto que ha suscitado reacciones adversas tanto en su país como en el extranjero.
Ambientada en el Israel contemporáneo, Yes! presenta a un artista, conocido como Y, y su esposa Yasmine, quienes se convierten en bufones para las élites del país, soportando humillaciones que alimentan el hedonismo de los poderosos. La historia alcanza un punto álgido cuando reciben una oferta de un oligarca ruso: componer un himno que celebre el bombardeo de Palestina, mostrando cómo los protagonistas se sumen a una cultura de aceptación pasiva.
Nadav Lapid, quien ha residido en Francia durante cinco años, se encontró en el proceso de escritura de su guion cuando estalló el atentado de Hamas del 7 de octubre. Esto llevó a un giro inesperado en el argumento, ya que retornó a Israel para filmar escenas bajo la sombra del conflicto, capturando la realidad angustiosa de Gaza. Según el director, aunque el ataque y la situación actual son hitos significativos, los elementos de corrupción moral y deshumanización que retrata la película ya se manifestaban antes de estos eventos.
Un aspecto paradigmático del filme es su inspiración en un grupo llamado The Civil Front, que en 2023 relanzó una canción popular donde niños israelíes entonaban versos que celebraban la “aniquilación” de Palestina. Lapid lamenta que una nación cuyo himno refleje venganza y destrucción está proyectando una visión sombría hacia su futuro.
La recepción de Yes! ha sido tumultuosa. El ministro de Cultura de Israel, Miki Zohar, ha liderado una crítica feroz contra la película, acusando a Lapid de menospreciar a las fuerzas armadas. En el proceso de filmación, varios técnicos se negaron a unirse al proyecto, citando convicciones políticas o temores personales, un indicativo del clima de censura que enfrenta el arte en el país.
El filme ha ganado notoriedad al recibir premios Ophir, los equivalentes a los Goya en Israel, pero también ha estado rodeado de controversias. La detención del actor principal, Ariel Bronz, tras la publicación de un poema crítico hacia el gobierno de Netanyahu, destaca la tensión existente entre la libertad de expresión y la reacción del estado.
A pesar de estos desafíos, Lapid se sorprende al ver que incluso algunos activistas propalestinos han dado la espalda a su obra. A pesar de recibir financiamiento parcial del Israel Film Fund, un organismo considerado independiente, el director criticó el boicot realizado por colegas cineastas en festivales internacionales.
Lapid expresa su decepción por la falta de valentía de los distribuidores en España, lamentando que la película no haya llegado a los cines, a pesar de que considera que el país muestra un fuerte compromiso social y político. En sus palabras, la situación actual en Israel refleja una profunda crisis moral, donde la indiferencia y el odio hacia el “otro” han dejado una marca indeleble en la identidad nacional.
En un contexto donde la historia del cine es escasa en su respuesta a la barbarie contemporánea, Yes! se convierte en un testimonio audaz y urgente de los dilemas éticos y morales que enfrentan tanto la sociedad israelí como el mundo en general.
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