El viaje a la imponente Citadelle Laferrière, la fortaleza más grande del hemisferio occidental y Patrimonio de la Humanidad por la Unesco desde 1982, es una travesía que desafía las expectativas. Una combinación de automóvil, motocicleta y burro es necesaria para alcanzar este majestuoso destino en Haití. Ascendiendo por caminos empinados donde los visitantes deben inclinarse hacia adelante o hacia atrás según la elevación, la llegada exige paciencia, respiraciones profundas y una fe renovada en el camino.
Durante esta travesía, es impactante observar a personas de varias edades que, con largos tablones equilibrados sobre sus cabezas, avanzan decididamente hacia la cumbre. Algunos se detienen en el camino para descansar, revelando el arduo trabajo que conlleva un importante proyecto de conservación.
Construida entre 1805 y 1820 por el rey haitiano Henri Christophe, la fortaleza fue concebida como una línea de defensa contra posibles reconquistas tras la exitosa rebelión esclava que dio origen a Haití. A medida que se desarrolla la visita, los guías destacan miles de cañones de hierro y bronce, así como las estratégicas posiciones que permiten al rey avistar los posibles invasores que se aproximan por mar. Más de 200 años después de su construcción original, la citadela vuelve a someterse a trabajos de restauración.
El eco del pasado, que incluye el saqueo tras la muerte de Christophe en 1820 y los daños ocasionados por el terremoto de 1842, resuena en las paredes de la fortaleza. Las huellas de la historia son palpables, y los guiados explican cómo antes los caminos angostos entre los árboles eran la única vía de acceso a esta imponente estructura.
La conservación actual de la Citadelle Laferrière es un esfuerzo colectivo, liderado por el Instituto Haitiano para la Protección del Patrimonio Nacional (ISPAN) y respaldado por la Organización de Monumentos del Mundo (WMF). Este trabajo incluye la impermeabilización de la estructura y la reconstrucción de sus muros, que alcanzan hasta 45 metros de altura. Además, se han implementado técnicas del siglo XIX y se han erigido nuevos techos de aluminio corrugado, mostrando una fusión de tradición y modernidad.
Los esfuerzos por restaurar esta joya arquitectónica son notables. Tras 25 años de trabajo y con una meta de finalización a la vista, las comunidades locales han estado profundamente involucradas en el proceso, a menudo reforzando el muro de la citadel con cemento líquido para prevenir futuros daños en sismos.
La guía local, Rose Beaulieu, comparte su asombro y confianza en las obras de renovación. “Las áreas que estaban cerradas están experimentando renovaciones bellas, expandiendo el espacio para los visitantes”, expresa con entusiasmo. Este testimonio refleja no solo el valor arquitectónico, sino también el cultural de la citadela, que se mantiene como un símbolo de la resiliencia y la historia de Haití.
A medida que la restauración avanza, queda claro que cuidar nuestro patrimonio es una responsabilidad compartida, donde los gobiernos, comunidades e instituciones culturales juegan un papel crucial en la preservación de estos lugares históricos para las futuras generaciones. La Citadelle Laferrière no solo es un monumento del pasado, sino un testimonio vivo de la capacidad de un país para enfrentarse a los desafíos y renacer de sus propias cenizas.
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