En los últimos años, México ha visto un panorama cambiante en su lucha contra la violencia letal, marcada por una aparente disminución de homicidios dolosos. Sin embargo, las estadísticas pueden ser engañosas. Un reciente informe elaborado por expertos en seguridad y violencia, entre los que se destacan el Programa de Seguridad Ciudadana de la Universidad Iberoamericana y el Seminario sobre Violencia y Paz de El Colegio de México, ofrece una visión más clara: la violencia no ha desaparecido; ha mutado, afectando especialmente a jóvenes, buscadores de desaparecidos y actores clave en la construcción de paz.
Uno de los hallazgos más alarmantes es la difuminación de las fronteras entre el Estado y el crimen organizado. Los informes sugieren que hay policías que actúan como cárteles y fuerzas de seguridad que se retiran en momentos críticos, lo que genera cuestionamientos sobre la eficacia y la integridad de las instituciones encargadas de proteger a la población. A pesar de la evidencia internacional que respalda la prevención de la violencia, esta sigue siendo una “promesa incumplida” en el país.
El informe analiza los debates realizados entre el 26 y el 28 de noviembre de 2025, donde más de 35 especialistas coincidieron en que el homicidio no es un fenómeno aislado. Es un síntoma visible de un sistema más amplio que incluye desapariciones, desplazamientos forzados y reclutamiento de menores. Claudio Lomnitz, antropólogo de la Universidad de Columbia, enfatiza que no todos los homicidios tienen la misma implicación social o económica. Por ejemplo, el asesinato de un presidente municipal tiene un peso distinto al de un joven secuestrado.
Este contexto sugiere que una disminución en la tasa de homicidios puede coexistir con un aumento en otros delitos, como la extorsión y las desapariciones, lo que no necesariamente se traduce en una paz real. Las cifras hablan por sí solas: en Zacatecas, la militarización ha llevado a una disminución de homicidios, pero ha disparado las desapariciones, situando a este estado con los indicadores más altos en 2023-2024. En Jalisco, los homicidios dolosos cayeron un 32% entre 2024 y 2025, mientras que las desapariciones aumentaron un impresionante 231%.
Las poblaciones vulnerables son objeto de atención especial en este nuevo contexto de violencia. En 2025, se registraron 817 asesinatos de niños y adolescentes, lo que representa un promedio de 2.2 homicidios diarios, una cifra alarmante mayor a la de países en conflicto armado. Además, aquellos que buscan justicia —como las personas buscadoras de desaparecidos— enfrentan un riesgo extremo; se documentaron 33 asesinatos de estas personas entre 2010 y 2025, concentrándose 21 de ellos a partir de 2021.
La violencia también se extiende a los profesionales de la información; se estima que el 45% de las agresiones contra periodistas son cometidas por autoridades. La impunidad es devastadora, ya que el 85% de los asesinatos en este sector permanece sin resolver.
A medida que México avanza hacia un futuro en el que la seguridad y la paz son objetivos esenciales, es vital entender que la violencia no puede ser medida solo en cifras de homicidios. Se requiere una comprensión profunda de las dinámicas sociales y económicas que alimentan esta crisis. La lucha contra la violencia debe ser integral, abordando no solo la criminalidad más evidente, sino también las múltiples formas de violencia que afectan a las comunidades y socavan los cimientos de la paz en el país.
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