La producción mundial de acero sigue siendo un desafío crítico en la lucha contra el cambio climático, ya que este sector emite un asombroso 11% de los gases de efecto invernadero. A pesar de los esfuerzos por avanzar hacia un acero más sostenible, el uso de carbón en la producción no ha disminuido significativamente. Según informes recientes, el denominado acero “verde” ha tenido un crecimiento solo “muy ligero” hasta el año 2025.
Los altos hornos, que son la norma en la industria para transformar mineral de hierro en acero, dependen en gran medida de carbón fósil, conocido por ser altamente contaminante y por su contribución al calentamiento global. A nivel global, se estima que se han anunciado o están en construcción 319 millones de toneladas anuales de capacidad de altos hornos que utilizan carbón, lo que representa un aumento del 5% en comparación con 2024. Para el 2035, se espera que esta capacidad siga en aumento, alcanzando 88 millones de toneladas netas adicionales.
En términos de producción de acero “verde”, que depende de tecnologías más limpias como los hornos eléctricos de arco, el progreso ha sido mínimo. En el último año, este tipo de hornos, que permiten reciclar chatarra de acero o fundir arrabio a partir de hierro desoxidado, pasó de representar el 31% al 34% de la capacidad global. Sin embargo, es importante destacar que los avances en este sector siguen siendo limitados, dejando insatisfechos a muchos especialistas.
Un punto crítico a considerar es el papel de los principales productores de acero, como China e India. Astrid Grigsby-Schulte, de una organización encargada de monitorear la energía, señala que estos dos países planean el 86% de la nueva capacidad basada en carbón, lo que los coloca en el centro de la cuestión de las emisiones del sector. En particular, India está desarrollando más del 60% de las nuevas capacidades de altos hornos que funcionan con este combustible. Por su parte, China continúa siendo el líder indiscutible en la producción mundial de acero.
A medida que el mundo avanza hacia un futuro más sostenible, la industria del acero se enfrenta a un dilema crucial: seguir dependiendo de métodos de producción contaminantes o adoptar tecnologías más limpias y eficientes que podrían cambiar radicalmente el rumbo de las emisiones en el sector. La presión para abordar este tema aumenta, y el tiempo es esencial.
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