El inicio del 2026 en la industria de la construcción presenta un panorama contrastante. Según el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), el valor de producción de las empresas constructoras creció un 0.6% en enero, manteniendo así una tendencia al alza durante cuatro meses consecutivos. Sin embargo, este crecimiento es inferior al 1.8% que se registró en diciembre, lo que deja entrever una cierta debilidad en el impulso del sector.
En comparación anual, el indicador continúa mostrando caídas, con una disminución del 1.1% en enero. A pesar de ser la menor caída en 20 meses, este dato marca un desafío persistente para el sector. En noviembre de 2024, el desplome fue aún más alarmante, alcanzando el 23.8%. Esta situación refleja la necesidad de medidas urgentes para revertir la tendencia negativa y alentar un crecimiento sostenido.
Una de las iniciativas más relevantes en este sentido es la propuesta del gobierno federal para crear la Ley para el Fomento de la Inversión en Infraestructura Estratégica para el Desarrollo con Bienestar. Esta ley, que se prevé sea aprobada el próximo mes, busca estimular la inversión tanto pública como privada en obras de infraestructura, un movimiento que podría ser crucial para revitalizar el sector.
Los trabajos relacionados con el sector petrolero y petroquímico han sido el motor del crecimiento en enero, experimentando un asombroso incremento del 29.1%. Este tipo de obras, que incluyen refinerías, oleoductos y gasoductos, representan el 5.5% del total de la producción, marcando una diferencia significativa con el crecimiento más moderado del 8.6% en el mes anterior.
Contrario a esto, las obras de edificación, mayormente impulsadas por el sector privado, han caído un 1.6%, sumando tres descensos consecutivos. Esta caída se debe, en parte, a la incertidumbre política y económica que permea la región. Los proyectos de construcción de viviendas, edificios industriales, comerciales, así como escuelas y hospitales han notado este desánimo.
Por otro lado, a pesar de la reactivación de obras de transporte y urbanización, que se incrementaron en un 0.8%, este crecimiento no se compara con el robusto aumento del 9.8% en diciembre. En el ámbito ferroviario, a pesar del inicio de la construcción de trenes de pasajeros hacia Nuevo Laredo y Nogales, las expectativas no se han traducido en un aumento significativo en la actividad.
Un representante de una constructora involucrada en un proyecto ferroviario resaltó que enero suele ser un mes complicado debido a cuestiones administrativas, lo que también ha afectado el flujo de inversiones públicas. Las demoras en el pago de contratos de mantenimiento y conservación han sido notorias, aunque existe optimismo en que estos problemas se resolverán pronto.
En términos de empleo, el Inegi reporta una caída del 0.1% en el personal ocupado en enero, con una disminución anual del 3.8%. Sin embargo, las horas trabajadas crecieron un 0.3%, aunque todavía se encuentran a la baja en comparación con el año pasado, con un descenso del 4.1%.
El futuro de la industria parece depender en gran medida de la implementación de políticas efectivas y la restauración de la confianza de los inversionistas, factores esenciales para revertir las tendencias actuales y propiciar un crecimiento sólido y sostenible en el sector de la construcción en México.
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