A medida que los museos de todo el mundo reflexionan sobre su impacto en el planeta, los conservadores enfrentan un desafío crucial: ¿cómo preservar el pasado sin comprometer el futuro? Este dilema ha llevado a un esfuerzo colaborativo titulado GoGreen, un programa de investigación que ha reunido a profesionales de conservación de 13 instituciones europeas durante los últimos cuatro años.
Financiado con una subvención de 3,27 millones de euros a través del programa Horizon Europe de la Unión Europea, GoGreen, formalmente conocido como “Estrategias Verdes para Conservar el Pasado y Preservar el Futuro del Patrimonio Cultural”, concluyó en septiembre de 2026. Este ambicioso proyecto, que incluyó socios de los Países Bajos, Italia, Francia, Reino Unido, Noruega, Polonia y Suiza, se alinea con los objetivos más amplios del Pacto Verde Europeo, que busca alcanzar la neutralidad climática para 2050.
La complejidad del trabajo de conservación se ilustra a través de un caso en particular: un plato de Tiffany de 1906 en el Rijksmuseum. Este objeto presentaba un significativo deterioro debido a la corrosión, lo que complicaba su limpieza. Utilizar métodos tradicionales como el carbonato de calcio en agua desionizada requería un esfuerzo físico considerable y podría dejar residuos no deseados. Por otro lado, la limpieza química con tiourea ácida presentaba serias desventajas; aunque efectiva, esta técnica podía dañar el objeto y era tóxica tanto para los conservadores como para el medio ambiente.
Frente a estas dificultades, el equipo del Rijksmuseum colaboró con otros participantes de GoGreen y adoptó un método innovador desarrollado por el investigador Qing Wu en la Haute École Arc de Suiza. Su método utiliza una solución de L-cisteína, que es menos agresiva y más segura para ambos, el ser humano y el objeto. Este enfoque no solo permite limpiar el objeto con eficacia, sino que también respeta su integridad estética, manteniendo algunas capas de pátina que añaden carácter.
Además de buscar métodos de limpieza más seguros, GoGreen se centró en desarrollar sistemas de control climático energéticamente eficientes, con el objetivo de reducir tanto las emisiones de carbono como la exposición a sustancias tóxicas. La investigación en este proyecto se organizó en ocho áreas de trabajo, que abarcan desde la conservación preventiva hasta la educación en prácticas sostenibles. Este enfoque interdisciplinario es cada vez más importante en la ciencia de la conservación.
La cooperación entre instituciones, como el Rijksmuseum y el Instituto Courtauld, refleja una tendencia a compartir hallazgos y mejores prácticas a través de publicaciones académicas, charlas y talleres. Una parte fundamental de GoGreen fue la creación de una “definición verde” que sirviera de guía, considerando factores como la toxicidad de los materiales, la accesibilidad y la durabilidad de los resultados.
Con el cierre del programa, los participantes están reflexionando sobre cómo continuar perfeccionando las técnicas de conservación y aplicar las lecciones aprendidas en estos cuatro años. Según Wu, la investigación debería enfocarse en abordar los desafíos prácticos de la conservación y proporcionar orientaciones efectivas. La colaboración y la aplicación en estudios de caso concretos son esenciales para identificar limitaciones y áreas de mejora, beneficiando así tanto la investigación como la práctica.
La conservación, entonces, se posiciona como una disciplina clave en la promoción de prácticas ecológicas, operando en la interfaz entre el patrimonio cultural y la protección ambiental. A medida que estos esfuerzos avanzan, la conservación tiene el potencial de desempeñar un papel crucial en la sostenibilidad del sector.
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