La construcción, un pilar fundamental del desarrollo urbano, se enfrenta a un desafío crítico: la transición hacia edificios más eficientes. A día de hoy, la intensidad energética del sector ha disminuido apenas un 9.5%, mientras que la reducción necesaria para cumplir con las metas del Acuerdo de París se sitúa en un 18.2%. Este estancamiento representa una señal de alerta sobre la urgencia de adoptar medidas más efectivas en un sector que, según datos del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (UNEP), es responsable del 34% de las emisiones globales de dióxido de carbono y del 32% del consumo energético mundial.
La necesidad de avanzar hacia un modelo de construcción sostenible se vuelve aún más apremiante en el contexto de México, donde la Contribución Determinada a Nivel Nacional (NDC) 3.0 establece objetivos ambiciosos: una reducción de emisiones netas que oscila entre 364 y 404 millones de toneladas de CO₂ equivalente para 2035. Este rango podría optimizarse a entre 332 y 363 millones de toneladas con el respaldo de financiamiento internacional, innovación y transferencia tecnológica.
La clave para alcanzar estos objetivos radica en la colaboración entre diversos sectores. Las decisiones tomadas en cada etapa de la cadena de valor de la construcción—desde el diseño inicial hasta la selección de materiales y la operación de edificios—pueden influir significativamente en el desempeño ambiental de los proyectos. Un análisis revela que más del 80% de las iniciativas apoyadas a través de alianzas entre los sectores público y privado han mejorado su calidad, indicando la efectividad de este enfoque colaborativo.
Mientras tanto, el sector privado juega un papel fundamental, concentrando el 60% del financiamiento global para mitigación climática. Desde 2019, ha sido responsable de aproximadamente el 70% del crecimiento neto de estas inversiones. Este capital no solo es vital para movilizar recursos, sino también para desarrollar y acelerar la implementación de soluciones innovadoras que favorezcan la eficiencia energética en nuevos proyectos y en la renovación de edificaciones existentes.
Es imperativo, por tanto, que el impacto de la industria de la construcción se replantee a fin de cimentar un futuro más sostenible. La adopción de tecnologías avanzadas y la inclusión de prácticas eficientes son pasos esenciales hacia este objetivo. Con la intención de cumplir con las metas climáticas y así contribuir a un entorno más saludable, la construcción tiene un camino por delante, uno que no solo involucra a las empresas, sino a la sociedad en su conjunto.
La responsabilidad es compartida, y cada acción cuenta en la lucha contra el cambio climático. Con el compromiso adecuado y la colaboración intersectorial, el horizonte de un sector de la construcción más eficiente y sostenible puede ser una realidad cercana y alcanzable. Este llamado a la acción es urgente y necesario en la búsqueda de un impacto positivo y duradero para las generaciones venideras.
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